ghosts-gespenter-spooky-horror-40748

Cómo es vivir con una persona con esquizofrenia

Ana era una joven con grandes sueños, mucha personalidad y una vida normal hasta hace ocho años, cuando tenía 27 años. Su hermano, Otto, cuenta que en esa época, ella vivía cerca del parque central de San Lucas, Sacatepéquez, junto a su mamá, más conocida como “doña Lucky”. Mientras ella se dedicaba a vender chiles rellenos para ganarse la vida, Ana dividía su tiempo entre los estudios de nivel Básico y un trabajo en un vivero.

Motivada por su religión, Ana deseaba convertirse en una líder para los demás jóvenes ya que disfrutaba aconsejar a las personas para que tomaran el mejor camino. Sin embargo, todo esto cambió coincidentemente después de su participación en una actividad religiosa. Cuando regresó, el encargado le dijo a doña Lucrecia: “Mire, no se preocupe que ella viene tocada por el Espíritu Santo”. Pero en los días siguientes, comenzó a notar ciertos cambios en el comportamiento de su hija: en ocasiones la veía hablando sola, se reía sin ningún motivo o le ponía apodos a las personas con las que convivía.

En ese tiempo, una tormenta golpeó el lugar donde vivían y la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED), se vio en la necesidad de evacuar a los habitantes de la zona, trasladándolos junto a los vecinos a un lugar cerca de la carretera a San Pedro Ayampuc, llamado La Lagunilla. Desde entonces, Ana y doña Lucky viven en una pequeña casa con techos y paredes de lámina, piso de tierra y dos camas.

Después de esta situación, la familia Choy buscó ayuda para saber qué le sucedía a Ana, pues cada vez eran más seguidos e intensos sus cambios de comportamiento y, aparentemente, sin ninguna razón en específico que los propiciara. Así que para encontrar respuestas, decidieron regresar a la iglesia a la que asistían porque extrañamente, sus cambios de comportamiento se dieron precisamente después de la actividad espiritual en la que ella había participado. Para su sorpresa, no encontraron ni rastro del lugar y nadie sabía dar razón de ninguno de sus miembros.

Desesperados por buscar algún tipo de ayuda para su hermana, Otto y doña Lucrecia fueron al Hospital de Salud Mental Carlos Federico Mora. Allí, los médicos solicitaron un electroencefalograma para la joven y después de realizarle el examen clínico, el psiquiatra tratante la diagnosticó con esquizofrenia.

Según la psiquiatra Paola Galindo, esta enfermedad puede ser genética o causada por alguna lesión cerebral; además puede presentarse por diferentes factores ambientales, infecciones, gripe, rubeola o poliomielitis, así como hambrunas u otros factores durante el embarazo. Por lo general se presenta en los picos de la adolescencia para los hombres y en los inicios de la adultez en las mujeres.

La esquizofrenia está categorizada como un trastorno mental y se encuentra entre los llamados trastornos psicóticos. Las personas con esta enfermedad suelen presentar distorsión en el pensamiento, la percepción y las emociones, manifiestan pérdida de contacto con la realidad y experimentan alucinaciones. Sus emociones también se ven afectadas con pérdida de hábitos e interés, aislamiento social, depresión y/o irritabilidad.

Para poder controlar sus ataques, el psiquiatra le recetó a Ana medicamentos especiales y aunque estos episodios suelen ser violentos en ocasiones, no recomendó que la internaran en el hospital porque los mismos internos podían violarla. En el 2012, el grupo Derecho Internacional para la Discapacidad -DRI- presentó un reporte de tres años de investigación en donde se exponía la precaria forma de vida de los pacientes y casos de abuso sexual cometidos, dando lugar a diferentes enfermedades infecciosas y de transmisión sexual a las que están expuestos los pacientes. También concluía en ser la institución más peligrosa de las que se habían documentado en Latinoamérica para dicho informe.

Por lo general, a los pacientes de esquizofrenia se les medica con antisicóticos para tratar los síntomas. Algunos de los efectos secundarios que producen son trastornos en el movimiento, alteraciones hormonales, alteraciones metabólicas y, en el caso de Ana, su madre notó que le producían mucho sueño y parecía estar sedada todo el tiempo, por lo que prefirió suspenderle el medicamento.

Al ver la necesidad de su madre, Otto decidió ayudarla e invitó a su hermana a vivir con su familia durante un tiempo. Pero en las noches, Ana se levantaba y se les quedaba viendo fijamente a todos y los molestaba, por lo que sus pequeños sobrinos preferían bordear el sillón en el que ella dormía para no acercársele. A partir de entonces, Otto comenzó a pasar las noches en vela, sentado en una silla, para vigilar que Ana no se levantara del sillón ni los fuera a lastimar. Después de varias noches sin descansar, el agotamiento físico y mental llegaron al máximo y Otto decidió regresar a Ana con su mamá.

 

Día a día con la esquizofrenia

Con los chiles rellenos que doña Lucky vende para mantenerse, no siempre logra ganar lo suficiente para comprar la comida y muchas veces solo le alcanza para una libra de masa para hacer tortillas y tomar atol desabrido.

El hambre pone violenta a Ana. Por eso, cuando doña Lucky sale a trabajar, debe dejarla encerrada pues ya en una oportunidad huyó de la casa y la lograron encontrar tres días después dentro de la maleza, en una colina cercana, a pesar que desde su desaparición habían avisado a la policía. Además, doña Lucky debe esconder todas las cosas con las que Ana puede lastimarse. Otro día la encontró con unas tijeras en la mano y sin cabello, ya que se lo había cortado todo. No pasó a más, pero doña Lucrecia sabe que debe tener especial cuidado para que no se haga un daño mayor.

Cuando está tranquila, Ana hace tareas sencillas como lavar los trastes o barrer el cuarto para mantenerse ocupada, pero por su problema pierde la atención rápidamente y comienza a hablar sola e incluso a rascar el suelo.

Con palo en mano

Otra de las cosas a las que la enfermedad de su hija ha orillado a Lucrecia es a dormir con un palo a la par de su cama. Este lo usa para pegarle a la lámina y asustar a Ana para evitar que se le acerque, después que una noche la atacara.  Conforme ha pasado el tiempo, la enfermedad ha evolucionado y los ataques de agresividad se han vuelto cada vez más frecuentes. Lamentablemente, a pesar que existen medicamentos específicos para la esquizofrenia, quienes padecen esta enfermedad no pueden curarse al 100%, aunque sí pueden llevar una vida normal e integrarse bien a la sociedad. Sin embargo, la condición económica de la familia de Ana no le permite llevar un tratamiento constante según su necesidad.

La familia también es muy importante para el bienestar del paciente porque en conjunto deben conocer la enfermedad para saber cómo abordar los momentos de crisis. En el caso de Ana, a pesar de lo difícil de su situación, esta enfermedad ha unido a la familia Choy y en la medida de lo posible, buscan la manera de convivir más tiempo con ella y mostrarles su cariño a pesar de su problema.

 

Fuentes: Otto René Choy, hermano de Ana Choy; Dra. Silvia Paola Galindo, Médico Psiquiatra, drasgalindo@gmail.com, teléfono: 5633-2633; reporte “Guatemala: Precautionary Measures Petition to the Inter-American Commission on Human Rights”, realizado por Disability Rights International, www.driadvocacy.org

Erick Martinez

Soy amante de los videojuegos y la tecnología. Diseñador y Dj por 10 años hasta que descubrí el mundo de la fotografía. Una Nikon es la óptica que me permite transmitir mi visión del mundo.