Policía-Unidad-Lobos-Guatemala

Cómo es ser mujer policía de una unidad especial en Guatemala

Vivir en un país en el que las cifras de asaltos y asesinatos ya son parte de la cotidianidad hace latente el temor a no volver a casa.

Mientras que la mayoría de ciudadanos nos limitamos a vivir de esta manera, hay personas que dedican su vida a brindar seguridad a otros. Ese es el caso de Ruth Ramírez, una policía de 32 años.

A pesar de estar consciente de los riesgos que implica trabajar en seguridad, en su adolescencia, Ruth se interesó en el servicio militar debido a que a su papá formó parte del ejército. Su deseo era pertenecer a la Escuela Politécnica, pero la situación económica de su familia la condicionó a elegir una carrera en la que pagara poco y que a la vez le permitiera conseguir un trabajo. Decidió estudiar secretariado oficinista, pero al graduarse retomó la idea de tener una formación militar, por lo que ingresó a la brigada militar Mariscal Zavala, lugar en el que empezó como soldado luego de cumplir un arduo entrenamiento de 90 días donde aprendió sobre manejo de armas y técnicas de supervivencia. Después de esta preparación tuvo la oportunidad de trabajar como secretaria coordinando áreas de logística y personal en el Instituto Adolfo V. Hall y también terminó sus estudios de auxiliar de enfermería en 2010.

En esa época cimentó aún más su convicción sobre hacer carrera en el ámbito de se-guridad, pero siendo madre soltera de dos niñas a las que quería ofrecerles un mejor futuro tuvo que buscar otra alternativa que le permitiera tener un empleo estable y que le diera la oportunidad de jubilarse con el paso del tiempo. Fue en ese momento cuando Ruth decidió aplicar por una plaza en la   Policía Nacional Civil -PNC- y tras aprobar una serie de evaluaciones, inició nuevamente un entrenamiento de tres meses que la capacitó para prestar servicio de seguridad en las calles.

Al poco tiempo, Ruth se sometió a las pruebas necesarias para trasladarse al Grupo de Reacción Inmediata Lobo (G.R.I.L), una unidad altamente entrenada para el combate urbano, integrada por 150 agentes, de los cuales 6 son mujeres.

El equipo ha sido capacitado en defensa personal y otro tipo de habilidades, como recorrer grandes distancias a pie o nadando, en condiciones de riesgo e incluso, bajo los efectos de distintos tipos de gas lacrimógeno que existen.

Ramírez considera que crear resistencia a estos gases tóxicos fue uno de los retos más grandes de su preparación. Recuerda que, en una ocasión, después de 6 horas de entrenamiento, la persona a cargo del grupo quiso poner a prueba su capacidad lanzándoles una bomba de gas mientras dormían durante la madrugada. Debido al cansancio, Ruth no pudo reaccionar como debía y cuando finalmente logró salir de la habitación donde estaba, se desmayó. No recuerda qué sucedió, pero la sensación de irritación en los ojos y vías respiratorias, así como la desesperación de verse atrapada es algo que aún le genera temor.

Aprender a controlar este tipo de situaciones es vital para estos agentes que no saben qué tipo de incidentes ni obstáculos pueden encontrar ya que lo que caracteriza a este grupo es su habilidad para brindar seguridad a las personas y prevenir delitos mientras se movilizan hacia cualquier tipo de terreno, a bordo de unidades motorizadas especiales.

Para cumplir con estos objetivos, los agentes se dividen en seis parejas: tres pilotos y tres policías de apoyo táctico policial entrenados para disparar armas cortas y largas en movimiento, controlar disturbios, incautar armas de fuego y drogas, detener individuos con orden de aprehensión y posibles delincuentes, así como la verificación de identidad de personas en puntos estratégicos de la Ciudad.

“Hablo con autoridad, pero con respeto y procuro dar instrucciones claras para que la persona pueda demostrar su solvencia sin sentirse incómoda”.

A pesar de desenvolverse en un ambiente que además de peligroso, muchas veces suele ser hostil, hay experiencias positivas que han marcado los tres años de servicio de la agente Ramírez. Agradecimientos verbales, muestras de respeto y admiración son algunas de ellas.

Ruth y los demás miembros de la Unidad Lobos cumplen con su jornada de 24×24 horas a la semana, la cual inicia desde que se colocan su equipo: chaleco blindado, rodilleras, coderas, armas y un casco que se complementa con una balaclava, un accesorio que tiene como función proteger la identidad y la cabeza del agente al momento de un percance.

Todo este equipo representa un peso extra de unas 20 libras con el cual deben desenvolverse durante los operativos. Aquí no existe la distinción de trabajo en relación al género, así que las agentes utilizan los mismos recursos y tienen exactamente las mismas atribuciones que los hombres.

“A pesar que mi familia piensa que me desempeño en una profesión muy peligrosa, a mí me gusta lo que hago. Tengo un trabajo extra en un negocio familiar, recién terminé de estudiar un técnico en investigación y actualmente curso una licenciatura en Ciencias Policiales.

Espero convertirme en Oficial Primero, uno de los rangos policiales más altos. Todo lo hago para dar mejores oportunidades a mis hijas”.

Fuentes: entrevista a Ruth Ramírez; Memoria de labores del Ministerio de Gobernación, abril, 2016, www.mingob.gob.gt; Facebook @lobosguatemala