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Así es trabajar de recolector de basura en las calles de Guatemala

Hace un tiempo pasé por la zona 17 y conocí a don Claudio Hernández y Ana María, dos recolectores de basura que trabajan en las calles. Estaban en su hora de almuerzo, la única pausa que hacen en sus 9 horas diarias de trabajo.

Don Claudio empezó a trabajar desde hace 2 años por recomendación de su hijo, él es de San Agustín Acasaguastlán y se vino a la zona 1 de la Ciudad para poder tener una mejor vida. Ana lleva casi 8 meses, vive en la zona 5 de la Capital y entró aquí por necesidad de trabajo y para sostener a su madre, con quien vive.

A pesar de no vivir cerca, los lugares se los asignan al azar, se juntan a las 5 de la mañana en un punto central en la zona que designada para recoger su escoba, pala, conos, costales y guantes, y luego trabajan hasta las 3 de la tarde.

Durante su jornada recorren varias veces al día alrededor de 2 kilómetros para recoger la basura que está a la orilla de la calle, mientras los carros pasan a toda velocidad. A pesar del riesgo que esto implica, su labor consiste en quitar todo tipo de desecho que pueda contaminar las aceras, arriates y otras áreas públicas.

Además de una gabacha de un color que pueda verse en la oscuridad, usan unos guantes gruesos, pero muchas veces se lastiman con los vidrios quebrados, clavos y hasta jeringas -con las que fácilmente podrían adquirir alguna enfermedad-.

A pesar del tipo de trabajo que realizan -y contrario a lo que se podría pensar- les importa no estar sucios. Don Claudio me comentó que cada vez que pueden se lavan las manos para sentirse limpios y evitar cualquier enfermedad. “Por ser recolectores municipales, al menos tenemos el consuelo de contar con  prestaciones de ley e IGSS para ser atendidos si llegáramos a padecer alguna enfermedad o a sufrir un accidente”, me dice.

De su jornada, me cuenta que su almuerzo es de 11 a 12 del mediodía en alguna banca y entre pláticas pasan la hora con sus compañeros; comparten todos los días el mismo horario, incluidos los domingos ya que solo tienen cuatro días corridos al mes para descansar y estar con su familia. Esos días también les son asignados al azar.

“La época de invierno es la peor para nosotros”, me cuenta Ana María. No solo se trata de trabajar bajo la lluvia cubiertos únicamente por una capa, sino de levantar más basura de lo normal porque el agua acarrea más de esta hacia los tragantes, hasta el punto de taparlos. Para ella, trabajar en esto fue un reto desde el principio, pero luego, las cosas cambiaron y le gusta que el trato con sus compañeros y demás personas es bueno. A pesar que su trabajo es exhaustivo, cada vez que termina su jornada Ana siempre se peina y se maquilla para continuar su día.

“Este trabajo no es fácil, pero no nos avergonzamos de él. Si los jóvenes tienen la oportunidad de estudiar más, que lo hagan, solo así pueden conseguir algo mejor”, me dijo don Claudio para finalizar.

Quizá para nosotros no represente mayor cosa tirar un simple papel a la calle, pero para don Claudio, Ana y todas las personas que se dedican a esto sin importar si son municipales, de camiones o guajeros, recolectar basura es, sin duda, una labor bastante dura y mantener limpia la Ciudad no debería ser solamente cosa de ellos.

Ángela Jiménez

Soy bartender, emprendedora y mujer apasionada. Estudio ingeniería en informática y puedo comer pizza en cantidades industriales.