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¿Cómo es ser recolector de basura en la ciudad de Guatemala?

Andar en la calle caminando es algo muy normal para muchas personas, también para aquellas que por alguna u otra razón tiran o botan basura en la calle, sin embargo, para los recolectores de basura esto se traduce en un trabajo de 9 horas diarias.

Hace un tiempo pasé por las calles de la zona 17 y mientras veía a algunos de ellos trabajando me surgió la duda por saber un poco más de sus vidas, algo más que un saludo, así que me les acerqué mientras estaban en su hora de almuerzo y conversamos un poco.

Conocí a don Claudio Hernández, de 60 años y a Ana María Ramírez, de 35, dos personas que aunque les extrañó que me acercara a saber de sus vidas, se portaron muy amable. Claudio empezó a trabajar como recolector de basura desde hace 2 años por recomendación de su hijo, él es de San Agustín Acasaguastlán y se vino a la zona 1 de la Ciudad para poder tener una mejor vida. Ana lleva casi 8 meses, vive en la zona 5 de la Capital y entró aquí por necesidad de trabajo y para sostener a su madre, con quien vive.

A pesar de no vivir cerca, los lugares se los asignan al azar, se juntan a las 5 de la mañana en un punto central en la zona que designada para recoger su escoba, pala, cono, costales y guantes, y luego comienzan a trabajar hasta las 3 de la tarde.

Durante su jornada recorren varias veces al día alrededor de 2 kilómetros para recoger la basura que está a la orilla de la calle mientras los carros pasan a toda velocidad. A pesar del riesgo que esto implica para sus vidas, su labor consiste en quitar todo tipo de desecho que pueda contaminar las aceras, camellones y otras áreas públicas, y a pesar que usan unos guantes lo suficientemente gruesos y una gabacha para guardar ciertas cosas y que puedan verse en la oscuridad, muchas veces se lastiman con los vidrios quebrados, clavos e incluso jeringas con las que pueden adquirir alguna enfermedad.

A pesar del tipo de trabajo que realizan y contrario a lo que la mayoría pudiéramos pensar que no les importa estar sucios, don Claudio me comentó que cada vez que pueden se lavan las manos para sentirse limpios y evitar cualquier enfermedad. Por ser recolectores municipales, al menos tienen el consuelo de contar con sus prestaciones de ley e IGSS para estar atendidos si llegaran a padecer alguna enfermedad o eventualidad.

Continuando con la jornada, su almuerzo es de 11 a 12 del mediodía en alguna banca y entre pláticas pasan la hora; comparten todos los días el mismo horario, incluidos los domingos ya que solo tienen cuatro días corridos al mes para descansar y estar con su familia, aunque esos días también les son asignados al azar.

“La época de invierno es la peor para nosotros”, me cuenta Ana María, ya que no solo se trata de trabajar bajo la lluvia cubiertos por una capa, sino de levantar más basura de lo normal porque el agua acarrea más de esta hacia los tragantes. Para ella, trabajar en esto fue un reto desde el principio, pero luego, las cosas cambiaron y le gusta que a pesar de ser mujer, el trato con sus compañeros y demás personas es bueno. Ana nunca se arregla para su jornada laboral, sin embargo, después se maquilla y se peina para verse bien.

“Este trabajo no es fácil, pero no nos avergonzamos de él. Si los jóvenes tienen la oportunidad de estudiar más, que lo hagan, solo así pueden conseguir algo mejor”, me dijo don Claudio para finalizar.

No pude más que darles las gracias y en los días siguientes me pasó que cada vez que miraba alguna basura en el suelo, no podía dejar de pensar en ellos. Quizá para nosotros no represente mayor cosa tirar un simple papel a la calle, pero para don Claudio, Ana y todas las personas que se dedican a esto sin importar si son municipales, de camiones o guajeros, recolectar basura es, sin duda, una labor bastante dura y mantener limpia la ciudad no debería ser solamente cosa de ellos.

Ángela Jiménez

Soy bartender, emprendedora y mujer apasionada. Estudio ingeniería en informática y puedo comer pizza en cantidades industriales.