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Cómo es nacer con VIH en Guatemala

Hace unas semanas visité la asociación Gente Nueva, un lugar en el que decenas de pacientes portadores de VIH reciben ayuda médica, psicológica y dental desde el año 2000. Ahí conocí a una chava de 21 años a la que, siguiendo su petición nombraré “Lizeth”. Ella me explicó que eligió este nombre en memoria de su madre. Yo, en realidad, la llamaría Milagro.

Lizeth es de tez blanca, complexión media, pelirroja y de ojos café claro. Nació con VIH y hasta hoy, no sabe cómo su mamá adquirió el virus que le quitó la vida años más tarde.

Conociendo su enfermedad

“Me enteré que padecía una enfermedad incurable cuando tenía 12. En ese momento no comprendí bien de qué estaba enferma, pero empecé mi tratamiento. Mi tía, que es como mi madre, me dijo que guardaríamos el secreto de mi enfermedad”, cuenta Lizeth.

Por mucho tiempo, el VIH se ha considerado como una de las enfermedades más devastadoras de la humanidad. Existen innumerables casos (36,231 registrados en Guatemala entre 1984 y octubre de 2016) y un sinfín de historias que contar acerca de personas que viven con este virus que, debido a una sociedad discriminativa y poco sensible, afecta mucho más que el sistema inmunológico mismo. Por eso, además de velar porque Lizeth tomara las dosis de pastillas necesarias día a día, su familia creó a su alrededor una especie de capa protectora; una capa de amor cuya función era y es, a la fecha, evitar que sea estigmatizada.

 

En el 2012…

Su abuela falleció y su mundo se vino abajo. Abandonó su riguroso plan de medicamentos y el tratamiento específico que llevaba. Las consecuencias fueron tos y gripes que duraron semanas, mareos, náuseas, pérdida de apetito y peso.
Ella tocó fondo, pero fue en esa época donde asegura que comprendió que la única responsable de su vida y su bienestar era ella misma.

Ahora, los doctores y los medicamentos son parte de su vida diaria. Además de las cinco pastillas que toma cada día, se realiza un chequeo trimestral en el Hospital San Juan de Dios para prevenir una muerte anunciada. Los médicos que la atienden le realizan algunas pruebas para determinar que los niveles de células CD4 estén en óptimas condiciones, ya que son parte fundamental del sistema inmunológico.

La cantidad promedio de estas células en una persona es de 500 a 1,600. En pacientes con VIH lo que se espera es que posean al menos 300. Para Lizeth, estar por debajo de este rango implica correr el riesgo de contraer una infección en cualquiera de sus órganos, problema que podría ocasionarle la muerte.

 

Una nueva oportunidad

Lizeth está acostumbrada a los exámenes y al tratamiento de retrovirales que le ayudan a disminuir su carga viral y a subir o mantener la cantidad de células CD4 en su cuerpo.

Además de una actitud positiva, José (18), su pareja, juega un papel muy importante para su bienestar. Él la acompaña a los controles médicos trimestrales, le programa alarmas y recordatorios en papel para asegurarse que tome sus medicamentos.
Para ella, tomar pastillas no es ningún problema. Lo que significó un verdadero reto fue confesarle a José que era portadora de VIH. Ambos se conocieron en la adolescencia y fueron amigos tres años antes de estar juntos. Cuando él quiso formalizar la relación, Lizeth se vio obligada a confesarle su condición. No dio detalles de cómo lo hizo, pero asegura que después que muchas personas le dijeron que nadie se interesaría en ella y que estaría sola para siempre, jamás imaginó que encontraría a alguien que la amara y arriesgara su vida con tal de estar a su lado.

 

Sus grandes amores

Hoy la veo feliz, enamorada y plena. Cuando habla de José, sus ojos brillan como los de cualquier persona ilusionada. Hace dos años se fueron a vivir juntos a Mixco y a los pocos meses pusieron sobre la mesa el tema de tener familia. Así que después de un embarazo que transcurrió con normalidad, hace casi un año, Lizeth dio a luz a un niño de forma natural. Sus controles durante la gestación y el parto se llevaron a cabo en el Hospital San Juan de Dios. Ni el bebé ni José son portadores de VIH, lo cual indica que si se toman las precauciones necesarias, esta condición no siempre es transmisible de madre a hijo como le sucedió a ella.

 

Me dedico a vivir el presente

El día a día de Lizeth consiste en levantarse temprano, hacer las tareas de la casa, cuidar a su bebé y compartir tiempo con su esposo, quien trabaja como electricista. Su rutina cambia los sábados porque estudia 4º Bachillerato y mientras asiste a clases, una amiga cuida a su bebé. A veces se toma un tiempo para salir con sus amigas, tiene una dieta libre, le fascina el pepián y para las películas tiene predilección por las de acción.

Antes de tomar el medicamento sin interrupción y en horas específicas, Lizeth no debe ingerir alcohol y tampoco tiene permitido fumar.

Evita desvelarse, lo cual es muy difícil por su bebé y por supuesto, debe utilizar un preservativo cuando tiene relaciones sexuales. La terapia le ayudó a comprender exactamente cómo es la enfermedad y le dio las herramientas para poder defenderse de los ataques verbales y psicológicos que otras personas puedan hacerle por ignorancia o porque no saben cómo tratar ni manejar este tipo de situaciones. “Me han juzgado y cuestionado ‘que saber con quién me metí’, pero yo sé que no he hecho nada malo y aunque así fuera, la vida es muy corta para preocuparse por el pasado. Además, quiero decir a todas las personas que tienen algún tipo de problema, que no se dejen vencer porque con paciencia, fortaleza y autocontrol tendrán la oportunidad que tanto anhelan”.

Fuentes: Lizeth (nombre ficticio); Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, teléfono 2444-7474, consultas@mspas.gob.gt; Departamento de Epidemiología, Programa Nacional de Prevención y Control de ITS y VIH Sida, Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, pns.drpa.mspas@gmail.com; Audelio Ramírez, director de la Asociación Gente Nueva, teléfono 2253-0318, 2221-3281, gnueva@hotmail.com, gnuevagt@gmail.com; Vivian Retana, Química Bióloga, vivianroxana@gmail.com

 

 

Gerber Consuegra

Mi inspiración proviene de escuchar DnB a todo volumen. Además, me gusta contar historias increíbles pero ciertas. ¿Cuál es la más insólita? Leeme para averiguarlo.