Balletista guatemalteco

Cómo es ser un hombre balletista en Guatemala

Veo tantos colores, tantos sueños, tantos sentimientos… y solo pienso en la lucha constante que hacemos para sobresalir en una sociedad tan grande y diversa. Vivimos en un mundo multifacético y todavía hay personas que no lo aceptan, que quisieran que todos fuéramos del montón, pero hay algunos que se atreven a luchar ante las adversidades.

Este es el caso de Gerson Malín Hernández (28 años) y Nicolás Herrera Miranda (19 años), dos bailarines de danza clásica que han saltado muchos obstáculos durante sus carreras profesionales, principalmente los estereotipos que genera su entorno.

Gerson empezó a hacer ballet hace diez años en el Paraninfo Universitario y aunque el baile siempre ha sido su pasión, para él esta danza es la “top”. Generalmente quien practica esta disciplina se inicia desde pequeño, sin embargo, este no fue el caso de Gerson, quien empezó a los 18. Pero, junto a sus maestros, trabajó 7 días a la semana durante un año para desarrollar y pulir sus habilidades y así pertenecer al Ballet Nacional de Guatemala.

Nicolás, en cambio, si se inició desde niño. A los 7 años formó parte de la escuela de danza de Gilda Jolas, en Antigua Guatemala. Él recuerda que rápidamente los vecinos de su colonia lo empezaron a considerar como “raro” y su familia decidió que lo mejor era que continuara sus estudios en la capital. Así, de lunes a viernes, acompañado de su mamá y sus dos hermanos, Nicolás viajaba a la Ciudad por las tardes para estudiar en la Escuela Municipal de Arte, en el Edificio de Correos. Salían de La Antigua al medio día, el curso era de 2 a 4 de la tarde y entre el tráfico y la distancia, la familia llegaba a su casa a las 8 de la noche. Después de 4 meses el cansancio fue latente y Nicolás regresó a estudiar en su antigua academia por 5 años. A los 15 empezó a viajar solo desde Antigua a la Capital y volvió a la Escuela Municipal, en zona 1.

Actualmente, Gerson ensaya de lunes a viernes con el Ballet Nacional en la Escuela Nacional de Danza, ubicada en la 5a. Calle 3-43 zona 1; practica eventualmente con una maestra particular y a diario, va 2 horas al gimnasio para mantener su cuerpo en óptimas condiciones. Cuenta que para poder hacer todos los movimientos se necesita mucha fuerza en los brazos y piernas. Además, da clases de danza tres veces a la semana en un colegio del Centro Histórico y el sueldo por ser artista estatal le permite dedicarse al ballet, aunque si sufre una lesión, no es suficiente para cubrir los gastos médicos. Hace poco tuvo un esguince en la rodilla, le recetaron medicinas y vendas especiales, pero no puedo comprarlas todas.

La situación actual de Nicolás no es tan favorable, pero hace lo posible para mantenerse en lo que le gusta y entrena 10 horas a la semana en la Escuela Municipal de Danza. También pinta, hace esculturas y teje. Para él la danza y cualquier tipo de arte está desvalorizado en Guatemala. “El mejor puesto del Ballet Municipal gana el sueldo mínimo y eso no alcanza para nada”, me comenta mientras agacha la cabeza. Una de sus metas para el próximo año es estudiar la Licenciatura de Arte en la Universidad de San Carlos de Guatemala.

Ambos se han presentado en la mayoría de teatros, casas culturales y eventos organizados por el Ministerio de Cultura y Deportes y la Municipalidad. En cuanto a las ventajas o desventajas propias de su género en el ballet, los dos coinciden en que los hombres consiguen papeles con mayor facilidad porque no existen tantos bailarines.

Y aunque al verlos en el escenario nos dé la sensación que para dedicarse a la danza hay que ser suave y delicado, lo cierto es que no es una práctica sencilla, ya que los doblones de pie, fisuras en rodillas y cadera son bastante comunes. Además, las zapatillas les hacen hematomas en los dedos, pero muchas veces, aunque los tengan, “el show debe continuar”.

En lo personal los estereotipos solo provocan que las personas no quieran desarrollar su pasión por miedo al qué dirán, sin embargo, esta disciplina implica concentración, fuerza, determinación y mucho trabajo, factores comunes en el desarrollo de cualquier arte o deporte.

“Yo bailaba muy bien en las fiestas que asistía y las chavas se acercaban a hablarme y a preguntarme por qué bailaba tan bien. Así conocí a varias y mis amigos también”, comenta Gerson.

Nicolás ha tenido que soportar burlas, incluso de sus propios hermanos. Su papá creció en una familia machista y aunque nunca le ha prohibido bailar, no se siente conforme con lo que él hace. Además, cuando se maquilla para las presentaciones, algunas veces le gritan todas las cosas con las que a diario nos acosan a las mujeres.

Para ellos pensar en un futuro en el ballet es complicado, porque a cierta edad ya no pueden estar en un grupo ni entrenar al mismo ritmo que el actual. Pero, ninguno imagina su vida sin sentir la libertad que te da bailar en un escenario.

Aunque el futuro es incierto, Gerson sueña con ser coreógrafo del Ballet Nacional de Guatemala, mientras que Nicolás espera desenvolverse como director en alguna compañía de danza y dedicarse a hacer coreografías. Si sus ganas y entrega continúan así de grandes como hasta ahora, estoy segura que a estos Billy Elliot, les esperan cosas aún más grandes.

 

 

Si el ballet también te apasiona podés comunicarte a las academias Danzarte (4662-6874), Danc Art (5890-8390) o a Marcelle Bonge (2366-7811).

 

Majo Navajas

Versátil debería de ser mi segundo nombre: me gusta ir a todo tipo de fiesta, a cualquier restaurante y tengo amigos de todo tipo. Hago teatro desde niña y llegué a Tónica porque la vida da sorpresas inesperadas.