prostitucion-en-guatemala

En Guatemala se gasta más en prostitución que lo que se invierte en educación

Según un informe sobre trata de personas con fines de explotación sexual en Guatemala presentado por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en el año 2016, se estima que en Guatemala hay aproximadamente 48,600 víctimas directas de trata de personas con fines de explotación sexual, y que las ganancias ilícitas generadas por este delito alcanzan los 12,300 millones de quetzales, lo que equivale al más del presupuesto total de educación para la niñez y la adolescencia estimado en 1.44% del Producto Interno Bruto (PIB), en el 2014.

Los niños, niñas y adolescentes son las víctimas más comunes de este negocio. El Informe de Situaciones de la Trata de Personas en Guatemala presentado por la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), en 2016, evidencia que según la Procuraduría General de la Nación (PGN), ese año se rescataron a 170 víctimas de la trata de personas, de las cuales el 16% (28) fueron sometidas a explotación sexual y de estas últimas, las niñas y mujeres adolescentes representan el 71% (20). Asimismo, los casos documentados demuestran que la mayoría de estos menores de edad son originarios de zonas fronterizas y comunidades cercanas a destinos  turísticos de Sacatepéquez, Quiché, Sololá, Escuintla y Quetzaltenango.

Por supuesto también existe la prostitución de personas mayores de edad quienes por decisión propia ofrecen servicios sexuales a cambio de dinero, principalmente debido a la pobreza extrema.

Quienes mantienen este negocio son clientes que buscan satisfacer sus necesidades sin importar la magnitud ni las consecuencias de este problema.

“Leonel” me contó sobre la primera vez que tuvo un encuentro con una prostituta. “Ella tenía tacones blancos, una minifalda negra bien pegada y una blusa de tirantes. Morena clara, de pelo liso hasta la cintura y complexión delgada. No me interesaba quién tuviera la cara más bonita ni las mejores piernas, lo mío son los pies y por eso la elegí. No me gusta hacer nada raro con ellos, solo los veo y me emociono, sobre todo si la chava está usando tacones, de esos de tiritas con los que muestran todos los dedos.

Pasé semanas pensando si era buena idea animarme a estar con una prostituta. Me preocupaba encontrarme a alguien que me conociera en el hotel o que ella terminara siendo parte de una banda de asaltantes, pero por otro lado quería experimentar cosas que no había hecho antes y la idea que fuera algo a escondidas me gustaba.

En esa época yo tenía 20 y acababa de salir de una relación de ocho meses con una chava que regó la bola en la U que yo era gay para que la cortara y que pudiera ser libre para andar con un auxiliar. Eso me frustró un montón y tenía ganas de ‘demostrarle a alguien que no era así’, pero no iba a conseguir conocer a una chava nueva y pasar a tercera base en cuestión de días, como yo quería. Fue así como di con Dulce y sus tacones blancos en los alrededores de la 4a. calle y 9a. avenida de la zona 1.

Creo que intuyó que era la primera vez que buscaba un servicio así y estaba tan nervioso que apenas escuché sus tarifas. Hablamos poco, le di sus Q80 y nos despedimos.

Han pasado tres años y he ido varias veces con ella, aun teniendo pareja porque para mí, ir con Dulce no se trata solo de un servicio, sino de liberar algunas inquietudes y, por qué no admitirlo, mis ideas más oscuras”.

Al igual que Leonel, hay muchos hombres que buscan el servicio de una trabajadora sexual en Guatemala y en el mundo. Por supuesto, esta práctica no es exclusiva del género masculino, pues la demanda de servicios sexuales para mujeres cada vez crece más.

“Julio” ofrece servicios sexuales en el Centro Histórico, pero en los alrededores de la Avenida Elena y el Santuario de Guadalupe. Asegura que el 80% de sus clientes son hombres y el resto son mujeres, pero este porcentaje está aumentando. “Si ellas me pagan yo soy una especie de producto y debo cumplir con lo que prometo. Algunas son muy directas y no tienen problemas para que vayamos al grano, pero también me he encontrado con otras que al final no se animan a hacer nada y solo quieren platicar un rato, me cuentan de su vida, del trabajo y de sus esposos infieles o aburridos. La mayoría de ellas tiene entre 40 y 50 años”. Respecto a los hombres comenta que, aunque cuando empezó en la prostitución hace cuatro años pensó que prácticamente iban a ser homosexuales solteros, la mayoría son hombres de entre 40 y 60 años, casados y de clase media o alta.

“Supongo que tienen curiosidad, que les da pena aceptarse como homosexuales o bisexuales, o que se casaron porque sintieron que no les quedaba de otra. Mi tarifa es de Q90 y cobro entre Q30 y Q50 por servicios extras. Por ocupar esa esquina de la banqueta y por protección pago por Q20, y el resto es para mí.

A veces siento que buscan demostrar que son muy machos y por eso se ponen violentos con nosotros. Yo por eso siempre llevo entre mis cosas una navaja que, aunque es pequeña, a la hora de la hora puede salvarme la vida. Vivo en un hotel de la zona 8 donde la mayoría nos dedicamos a esto y como nos vemos casi todos los días por las mañanas, notás cuando alguien resultó golpeado o cuenta que lo asaltaron. Las que sufren más por esto son las mujeres porque tienen una desventaja física, uno en cambio, se le pone al tiro aunque sea más débil. Ahora las vestidas (travestis), son bien gruesas, esas son capaces de ahorcarte si les tocás la bolsa”.

¿Qué motiva a una persona para pagar por servicios sexuales?

Según el ginecólogo y sexólogo Margarito Castro, las motivaciones que impulsan a hombres y mujeres a pagar por estos servicios no son distintas entre sí. Demostrar poder hacia el sexo opuesto, suplir la soledad, miedo al compromiso formal, satisfacer el ego o la necesidad que provoca la pulsión sexual y reafirmar una virilidad cuestionada son algunas de ellas.

En cuanto al estado mental que una persona tiene antes y después de pagar por tener sexo, Castro opina que varía dependiendo de la personalidad, carácter, estado de ánimo y uso de sustancias del cliente, pero por lo regular, su estado es de placer, sensación de triunfo, poder y, por consiguiente, deseo de repetir. Además, explica que hay algunos que pagan únicamente con el fin de humillar y denigrar a otra persona; existen los que se terminan enamorando de quien les presta los servicios y hay otros quienes acuden simplemente por cumplir sus fantasías más oscuras.

Finalmente es importante recordar que no existiría un servicio si no hubiera demanda y que en muchos casos, además de la necesidad de salir de una situación económica precaria, como se mencionó anteriormente, detrás de esto existen redes de tratas de personas, una forma de esclavitud moderna que provoca consecuencias devastadoras en las víctimas como enfermedades de transmisión sexual, traumas psicológicos y físicos, y a veces hasta la muerte o suicidio a causa de explotadores o los mismos clientes. Según el artículo 202 del Código Penal quien cometa el delito de trata de personas será sancionado con prisión de 8 a 18 años y multa de trescientos mil a quinientos mil quetzales.

 

Fuentes: Testimonios de Leonel y Julio; artículo de Prensa Libre “El país es un paraíso para turismo sexual”; Dr. Margarito Castro, sexólogo, castrogine@yahoo.es; Informe sobre trata de personas con fines de explotación sexual en Guatemala presentado por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF); Informe de Situaciones de la Trata de Personas en Guatemala de la Procuraduría de los Derechos Humanos (2016); Código Penal.

Astrid Morales

Soy una veinteañera que edita textos durante el día y busca historias invisibles por la noche. Amante del cine independiente, los vinilos, la fotografía. Me gustaría vivir en un mundo que se vea como una película de Wes Anderson y suene a Kraftwerk.