Ana-Consenza

Ana: la guatemalteca que cruzó varias ciudades europeas en un kayak

Ana Cosenza es una fotógrafa, productora audiovisual y curiosa de tiempo completo de 31 años de edad. La conocí hace unos años y aunque en realidad no recuerdo cómo se dio esa ocasión, lo que sí puedo asegurar es que a ella las ganas de comerse al mundo se le notan desde que la primera vez que la ves.

A partir del 2013 decidió hacer una aventura extraordinaria cada año y entre su álbum de recuerdos ya tiene momentos inigualables. Ha recorrido Cuba en bicicleta, Sudamérica en una moto eléctrica, el río Ganges de la India en un barco solar y manejado un tuc tuc por México, Belice y Guatemala.

He visto fotos y videos de esas aventuras y también estuve al pendiente de su hazaña más reciente: atravesar el Atlántico en un velero y el río Danubio en un kayak.

Desde su experiencia en India Ana le tomó gusto a la idea de descubrir los países y sus culturas desde los ríos, pues toda la vida converge en el agua, y eso permite que el viajero conozca desde la naturaleza hasta las ciudades y todo lo que esté en el medio.

Eligió el Danubio porque es el río que atraviesa más países en el mundo y aunque el plan original era iniciar su viaje en el Bosque Negro de Alemania y terminar en el mar Negro cerca de Moldovia, el mal clima la hizo iniciar su aventura a 30 km de donde comienza el Danubio y recorrió casi 1200 km, hasta llegar a Budapest, Hungría.

Para prepararse Ana pasó un mes recorriendo ríos más pequeños en Europa. “No soy ninguna atleta, ni tampoco tengo una condición física excepcional, así que hacía una rutina en la que cada día trataba de recorrer una distancia mayor y también vi blogs de personas que hicieron recorridos similares”.

Además, confiesa que más allá del nombre y su ubicación, hizo un esfuerzo por no googlear acerca de sus destinos, y esto le dio la verdadera sensación de estar descubriendo pues a veces, después de zigzaguear en un río, repentinamente aparecía frente a su vista un castillo.

La mitad del tiempo acampaba a orillas del río en reservas naturales o islas, cuando llegaba a los pueblos acampaba en los clubs de kayak para dejar sus cosas seguras y salir a caminar, y en las ciudades más grandes como Viena, Bratislava y Budapest desinflaba el kayak y se hospedaba en hostales.

Por supuesto, en estos viajes no todo es color de rosa. Su kayak era inflable, muy vulnerable al viento y a las corrientes. Muchos días avanzaba solamente veinte kilómetros, mientras llovía y tenía el viento en contra.

Además, emprender un viaje sin compañía es algo que emocionaría a cualquiera, pero sinceramente, sobre todo en el caso de las mujeres, los índices de acoso y violencia alrededor del mundo nos llenan de temor. Ana me cuenta que, a lo largo de dos meses de acampar sola únicamente una vez se sintió intimidada por dos tipos que la acosaron en una parte desolada de un pueblo en Slovakia. Corrió y entró a un restaurante, mientras se sentía molesta por el sentimiento de impotencia que le provocó la situación.

“Muchas personas se sorprendían al saber que estaba realizando esta aventura sola y me preguntaban si tenía miedo. Mi respuesta siempre es que mi mayor miedo es a morir sin haber vivido, así que me niego a que mi sexo defina mi libertad en esta vida”.  

Además, agrega que viajar te cambia mucho la forma en la que percibís el cuerpo y la desnudez. “En países como Holanda y Alemania abundan las playas nudistas y las duchas compartidas, y la gente le presta tanta atención a un pezón como a una oreja o un pie. Usar minifalda o escote resulta una decisión personal irrelevante y no una invitación a comentarios y opiniones públicos como resulta en Guatemala”.

Por supuesto, también experimentó las diferencias y las barreras culturales. Me cuenta que Slovakia es un país muy diferente a los demás, un sitio en el que sintió que las personas eran muy serias y no logró conectar con la cultura pues muy pocos hablan inglés (y el español ni digamos). No la pasó mal, pero tampoco disfrutó tanto su estadía como lo hizo en otros lugares.

¿Y la mejor experiencia?: “Cada día traía algo hermoso, pero cuando crucé el puente de piedra de Budapest y me di cuenta de que había terminado mi viaje, me sentí invencible. Eso me acompañará para siempre”.

¿Vos querés vivir tu propia aventura?: Ana te aconseja que lo hagás lo más pronto que podás y que no perdás tanto tiempo en los preparativos porque probablemente nunca te vas a sentir completamente list@. “Más allá de planificar todos los detalles lo importante es tener paciencia con uno mismo y saber que de todo se aprende. Eso sí, si la persona dice que quiere hacer algo así, pero empieza a titubear es mejor que se quede en casa. Creo que la fuerza más importante en estas aventuras es la certeza de entender que son tan necesarias para uno como el aire. Así cualquier cosa es posible”. Finalmente agrega que considera que es necesario que más mujeres viajen, y que esto sea la norma y no la excepción.

Si te gustaría seguir las aventuras de Ana, seguila a través de su sitio Piernas Largas.

Astrid Morales

Soy una veinteañera que edita textos durante el día y busca historias invisibles por la noche. Amante del cine independiente, los vinilos, la fotografía. Me gustaría vivir en un mundo que se vea como una película de Wes Anderson y suene a Kraftwerk.