Los Alpes 1

El tiempo se detiene en Los Alpes (y te sirven buen café)

En la décima calle de la zona 10, o también conocida como la vía en donde termina la diagonal seis, hay un lugar en el que puede detenerse el tiempo.

No me refiero a un embotellamiento de las seis de la tarde, en donde moverse un kilómetro se traduce a horas. Hablo de que casi al final de la calle, está Los Alpes, escondida entre unos muros, a un lado de Altuna, otro sitio que también parece detenido en el tiempo.

Los Alpes, contrario a las montañas de pico blanco que comparten Francia, Suiza, Italia y se impone en Europa, es una cafetería discreta, aislada entre los edificios de la zona. Es una casa, para ser precisos. Uno entra y lo recibe el piedrín del parqueo, con un ruido que neutraliza las bocinas y los motores de la calle. Es cuestión de encontrar una mesa, tras saludar a los amables meseros y meseras, para de verdad detener el tiempo.

Es curioso que a pesar de que está ubicado en una de las zonas más transitadas de la Ciudad, nunca había ido a Los Alpes. Quizás porque, como me comentó una vecina en alguna ocasión, “es un lugar con un perfil demográfico diferente al mío”.-Y no que sea algo malo-. Ocurre simplemente porque, como comentó ella, es un lugar donde se escucha a Mocedades, Raphael, Amanda Miguel y de pronto a Air Supply, Toto o Chicago.

Las mesas están rodeadas de plantas y decorados que emocionarían a cualquier abuela o bien a un millennial que disfruta de los jardines urbanos. Hay muchas conversaciones pero el volumen es bajo. Se puede platicar con tranquilidad.

El menú es simple -ambos lados de un cartón emplasticado- y en él ofrecen café, platos salados como panes, ensaladas y sopas, hasta los pasteles y bocadillos dulces. Y todo es exquisito.

Desde el café hasta el chocolate caliente, como el pan con jamón y el pie de queso. Particularmente el pie, que se puede pedir bañado en una salsa de fresa, que incluye trozos de fresa… una maravilla.

Me quedé con ganas de volver. Abren todos los días de 7 am a 7 pm (a excepción de los domingos, que abren a las 9 am). Primero por la experiencia, que combina música fresca, ornamentaría simple y un ambiente sensacional. Y porque es imposible probar todas las opciones del menú en una visita. Quedé pendiente de probar lo salado y los tés.

Pero más quiero volver porque Los Alpes están ahí, escondidos pero, igual a las montañas europeas, permiten aislarse del ajetreo que rodea a la zona. Sin duda, es un lugar especial.

José Ochoa

Un té con leche antes de todo. Veo básquetbol, juego Skyrim, tomo fotos y observo. Eventualmente lo escribo y lo publico.