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Cómo es trabajar en una Sex Shop

Las sex shop son de los lugares que probablemente generan más curiosidad en la mayoría de personas. ¿Quiénes van? ¿Qué compran? ¿Cómo es la gente que trabaja ahí y qué tipo de cosas ven?

Para responder estas preguntas hablé con dos personas que trabajan en un puesto que requiere tener una mentalidad amplia y mucho profesionalismo, no solo porque cada cliente tiene distintas preferencias, sino por los tabús que estos sitios tienen.

Comencé como repartidor

Carlos comenzó a trabajar en una sex shop después que un conocido lo recomendara para entregar los pedidos en su moto. Él admite que al principio, esto hizo que fuera blanco de burlas entre sus amigos que le decían cosas como: “¿Probás todos los juguetes que vendés?” o “Antes de venderlos tenés que usarlos”.

Hoy trabaja detrás del mostrador de la tienda y su empleo consiste en despachar los diferentes productos que ofrece el lugar, como vibradores, retardantes y estimulantes. Lo hace desde hace seis meses y en ese tiempo ha podido darse cuenta que, contrario a lo que la mayoría cree, son las mujeres quienes visitan la tienda con mayor frecuencia.

“Ellas vienen por diferentes productos, dependiendo la ocasión. Si es para uso personal compran consoladores o vibradores, pero también llegan muchas en busca de artículos para despedidas de soltera. Por lo general, los hombres buscan pastillas estimulantes y retardantes”.

Según él, diariamente llegan entre 10 y 15 personas, y en días de mucha demanda unas 60, de las cuales 50 compran. “Algunos se sienten más cómodos que otros al ingresar a la tienda y por eso trato de tener mucho cuidado al interactuar con cada uno para explicarles, de manera profesional, el uso y los materiales de cada producto”, comenta.

En esta sex shop hay cientos de productos, pero los que resaltan por ser los más extravagantes son los estimuladores recargables o artefactos de BDSM (Bondage y Disciplina; Dominación y Sumisión) como látigos y esposas. Agrega que estos últimos se han puesto de moda al igual que los plugs de cola de zorro o caballo, que se utilizan para juegos de rol. Ambos se utilizan para la sumisión de la pareja.

 

Llevo 3 años vendiendo juguetes sexuales

Fabiola empezó a trabajar en un estudio de tatuajes y venta de artículos para fumadores hace 4 años, cuando recién había cumplido 20. Después de un año, el dueño del negocio, que también tenía una sex shop, la trasladó a esta tienda.

El puesto requería una persona con mente abierta, extrovertida y dispuesta a aprender sobre los productos existentes para darle confianza a los clientes y responder las dudas que pudieran surgir sobre los mismos.

Muchos se acercan por la simple curiosidad de conocer qué hay en su interior, otros para explorar sus gustos reprimidos y hay quienes van en pareja para escoger productos con los que buscan experimentar nuevas aventuras.

Según me comentó, la mayoría de sus clientes tiene entre 28 y 45 años, y buscan diferentes productos como lubricantes, consoladores, vibradores y pastillas estimulantes. El producto más vendido es el consolador, en sus diferentes tamaños y diseños, y según Fabiola, estos se venden según la edad del cliente.

“Las mujeres de 18 a 25 años buscan consoladores y vibradores de colores brillantes para disimular el artículo y tenerlo en su cuarto sin que nadie se dé cuenta, incluso existen unos con forma de lápiz labial para tenerlos en la bolsa. En cambio, las de 25 años en adelante buscan artículos más reales y algunas llegan con su pareja para escoger el adecuado”.

Aunque las industrias de los juguetes sexuales y la cinematografía no tienen una relación directa, existen películas que pueden aumentar considerablemente el consumo de este tipo de productos. Fabiola me contó que  cuando salió la película Fifty Shades of Grey, en la tienda hubo un incremento en la compra de artículos de sumisión porque todos querían replicar lo que habían visto.

A este tipo de tiendas llegan clientes con gustos muy peculiares que buscan productos específicos, como vaginas velludas o indumentaria para practicar masoquismo. También existe un grupo mucho más pequeño que visita la tienda en busca de muñecas de silicón, que pueden llegar a costar hasta Q10 mil.

En mi curiosidad, también le pregunté si como mujer había tenido alguna dificultad para ejercer su trabajo y me contestó que no, que normalmente las personas suelen ser muy respetuosas cuando ingresan a la tienda.

“Una vez un cliente quería que yo me probara una lencería antes de comprarla y por supuesto, me negué. Dentro de las normas está que no podemos utilizar ningún producto y la situación no pasó a más”.

Para muchas personas, formar parte de este negocio aún es tabú, sin embargo, para Carlos y Fabiola es un trabajo honrado de compra y venta de productos como cualquier otra tienda. Ambos coinciden que es un trabajo en el que necesitan estar actualizados y conocer los nuevos productos que les llegan para atender y orientar de la mejor manera a las personas que buscan satisfacer sus necesidades de distintas maneras.

 

Fuentes: entrevistas realizadas a Carlos y Fabiola, nombres ficticios.

Erick Martinez

Soy amante de los videojuegos y la tecnología. Diseñador y Dj por 10 años hasta que descubrí el mundo de la fotografía. Una Nikon es la óptica que me permite transmitir mi visión del mundo.