Mohammed Rashid, Panadería Nawal

Cómo terminó en Guatemala el creador de los shawarmas de la Sexta

 

Hace unos tres años y medio me sugirieron ir a Nawal, una panadería ubicada sobre la 6.a avenida del Centro Histórico. Me la pintaron como un lugar donde podía encontrar comida vegetariana, que es lo que suelo comer, pero para mi sorpresa, el sitio era distinto a lo que imaginaba.

Sí ofrecían opciones que buscaba, pero Nawal era -y es- mucho más que eso. Se trata de una panadería árabe que aunque vende productos del medio oriente como shawarmas y falafel, también ofrece otros que a los guatemaltecos nos son más familiares como el pie de queso, bocado de reina y las donas.

Gracias a esta combinación, su dueño Mohammad Rashid, ha logrado crear un negocio exitoso cuyos productos se distribuyen en dos locales, en la esquina de la 17 calle y 6.a avenida, uno frente al otro. Yo, que soy de sus clientes asiduos he probado al menos 25 de ellos (y he quedado fascinada con todos). Por lo mismo, tenía curiosidad por saber cómo fue que inició Nawal y sobre todo, ¿por qué?

Mohammad es un hombre alto, tiene una sonrisa enorme y facciones características del medio oriente. Me contó que llegó a Guatemala hace 20 años, después que lo contrataran para trabajar como decorador de interiores en un hotel. Cuando terminó el proyecto optó por quedarse en el país y empezó a trabajar en la Sexta avenida, vendiendo electrodomésticos.

Conoció a su esposa, Cecilia, hace 15 años en una mezquita. Ella es guatemalteca y junto a sus hermanas, se convirtió al Islam en aquella época. Él está consciente que las culturas pueden generar grandes brechas y diferencias entre las personas, por eso, después de ver relaciones fallidas entre guatemaltecos y musulmanes, la pareja se tomó el tiempo necesario para conocerse y comprenderse.

Retrato de familia

Fotografía cortesía de Mohammad Rashid

 

Se casaron hace 4 años y tienen una hija. Cuando Mohammad habla de ellas, lo noto feliz y orgulloso. Resalta que su esposa es muy buena dibujando, que estudió diseño gráfico en la universidad y trabajó un tiempo en eso, pero ahora se dedica de lleno a cuidar de su familia. Ella es su mayor apoyo.

Su vida está establecida en Guatemala y se siente cómodo con eso. Sus padres fallecieron hace poco tiempo en Palestina, su país de origen. Allí residen sus cinco hermanas y tres hermanos, con sus respectivas familias. “Uno siempre extraña el lugar donde creció”, me dice.

Según Mohammad, en Guatemala hay una comunidad originaria de medio oriente cercana a los mil miembros. Se conocen en reuniones o en las mezquitas y por supuesto, lo hacen sentir más cercano a su tierra natal. Todos están aquí por diferentes razones: algunos porque se enamoraron por Internet de alguna guatemalteca y decidieron venir a ver qué sucedía con la relación, otros visitaron el país por turismo e identificaron oportunidades de negocio. Otros vinieron en busca de mejores trabajos y una mejor vida para sus familias o para refugiarse de la guerra, sobre todo en los últimos años.

Para Mohammad Rashid es importante extenderle la mano a otros y darles la oportunidad de trabajar. En sus negocios hay varios empleados guatemaltecos, pero seguramente, nadie mejor que él para entender cómo es viajar cerca de 12,147 km (la distancia aérea en línea recta entre Palestina y la Ciudad de Guatemala) con destino a un futuro incierto. Por eso, cuando conoce a otro inmigrante y tiene las capacidades, busca la forma de integrarlo a su equipo de trabajo. Es sencillo identificar quién no es guatemalteco entre el personal que atiende los locales.

Halimouche El Ghali es de Argelia, lleva 7 años en Guatemala y casi 3 trabajando en la cocina de la panadería, así que si te gustan los shawarmas, es a él a quien deberías agradecerle cada vez que comás uno.  Su rollo es la comida. Le apasiona tanto que sabe preparar platillos de varios países, incluyendo el nuestro. Aprendió cómo cocinar sus propios tamales porque su religión le prohíbe comer carne y derivados de cerdo, como la manteca. Lo hizo gracias a un programa de televisión nacional y descubrió que el Mercado Central es el sitio ideal para conseguir las especias necesarias. Una olla de barro, su buen sazón y manteca vegetal son sus ingredientes clave.

Me cuenta que viajó por varios países, sobre todo en Europa, pero no pasaba más de seis meses en un mismo sitio. La gente no era tan amable y los trabajos no eran nada estables. El amor lo trajo al país con el código de área 502 y aunque la relación no terminó bien, le gusta tanto Guatemala y su gastronomía, que no considera irse de aquí. Es un hombre bajito, blanco y de pocas palabras, pero después de un rato se suelta y bromea.

También conocí a Mohamed Elkishawi, de origen palestino, pero pasó la mayor parte de su vida en Arabia Saudita donde estudió contabilidad en la universidad. Lleva tres meses en nuestro país junto a su esposa y sus tres hijos. Es un hombre blanco, con barba y bigote espesos; bastante risueño y agradable. Llegó a Nawal como cliente y ahora es el encargado de la panadería. A pesar del poco tiempo en Guatemala y con un español bastante fluido, me asegura que le gusta todo del país, sobre todo la gente, el clima y la comida.

En fin, lo que sería una entrevista breve se convirtió en una mañana acompañada de risas, un delicioso té de hierbas, pan árabe, falafels, shawarmas y un Narguileh (pipa de agua) en el centro de la mesa, sobre la banqueta. Mientras conversamos, pude observar una buena afluencia de personas entrando y saliendo de las sucursales; clientes a quienes Rashid reconoce y saluda porque frecuentan seguido el lugar o simplemente les sonríe y procura que todos –incluyéndome-, estemos cómodos.

Mientras me explica cómo funciona un Narguileh y se ofrece a venderme una al verme tan emocionada, tratamos de otros temas, como las similitudes que compartimos los guatemaltecos con la gente de su pueblo, entre ellas la falta de oportunidades y el hambre.  Sin embargo, Mohammad, Halimouche El Ghali y Mohamed coinciden que aquí no son rechazados por ser extranjeros como les ha ocurrido en otros lugares sino más bien, se sienten agradecidos con los clientes de Nawal y en el caso de Mohammad, espera que cada vez sean más los guatemaltecos que se atrevan a probar los sabores del medio oriente.

Para Gustavo Soria, uno de nuestros redactores, conocer la panadería también fue toda una aventura gastronómica. Si querés saber más de Nawal podés buscar la edición impresa #3 de Tónica en nuestros puntos de distribución.

 

Astrid Morales

Soy una veinteañera que edita textos durante el día y busca historias invisibles por la noche. Amante del cine independiente, los vinilos, la fotografía. Me gustaría vivir en un mundo que se vea como una película de Wes Anderson y suene a Kraftwerk.