Sex shop

Esto pasó cuando fui por primera vez a una sex shop

Todos en algún momento de la vida hemos ido a alguna despedida de soltera o soltero y vemos esos “juguetes” o “decoraciones” muy peculiares que muchos consideran ideales para la ocasión. No caigamos en negarnos las cosas: todos nos hemos preguntado en dónde los compran y, lo principal: ¿cómo serán esos lugares?

Para resolver esa duda decidí ir en busca de una sex shop acompañada de mi novio para no ser la única primeriza en el tema. Pensé que el lugar iba a ser totalmente escondido, oscuro y con productos un poco más discretos, pero resultó ser todo lo contrario. El lugar al que fuimos está en una plaza comercial y sus vitrinas están llenas de juguetes que de discretos no tienen nada.

Al entrar nos atendió un chavo súper amable y como en cualquier otro tipo de negocio, nos recomendó “lo más vendido”, como los consoladores y trajes para mujeres, de esos como para cumplir fantasías. Rondamos un poco por la tienda, nos dio igual la regla de “si no compra no mallugue” y nos fuimos. Después me dio curiosidad si mis amigos habían ido alguna vez a una tienda de este tipo y cuando llegué a la U aproveché para preguntarles y esto fue lo que me contaron:

Soy gay y así fue como conocí una sex shop

Mientras estábamos comiendo tacos con unas amigas tocamos el tema de las sex shops y al final terminamos decidiendo ir en busca de una. Ellas son lesbianas y yo gay, y desde que entramos todos estábamos muy nerviosos porque no sabíamos qué era lo que nos íbamos a topar.

Una de ellas iba con la idea de comprar un lubricante pero no sabíamos ni cómo preguntar por ese tipo de productos ni en dónde estaban. Para el chavo que atendía seguramente no fue difícil darse cuenta de que era nuestra primera vez en la tienda y se nos acercó para intentar ayudarnos, pero ninguno quería empezar la conversación.

Luego de unos segundos, una de mis amigas se decidió a preguntarle y el chavo de los más fresco le recomendó uno con efecto de “caliente y frío”. Nos explicó cómo funcionaba y me veía a mí para explicarme “cómo se aplicaba”. Entre la conversación le preguntó a mi amiga si lo iba a utilizar conmigo y yo me puse rojísimo. Le contesté que no, que yo era gay, a lo que él muy calmado me contestó que para mí tenía algo especial y me ofreció desde consoladores hasta productos más “especiales”. Mientras eso pasaba, todos nos reíamos apenados y él nos veía extraño. Al cabo de unos minutos mi amiga decidió pagar su lubricante y nos fuimos. Al atravesar la puerta empezaron a reírse de mí.

Me encontré con alguien que me conocía y me quise morir 

La primera vez que fui a una sex shop fue a los 20 años y me llevó mi primer “novio formal”. Eso ocurrió hace 10 años y en esa época estos lugares no eran tan abiertos, así que mi novio tuvo que investigar dónde habían tiendas y finalmente encontró una en la zona 9. Fuimos porque yo tenía curiosidad de saber cómo eran y quería probar juguetes por primera vez con mi pareja, así que  no fuimos a la universidad ese día.

Fue interesante, pero no como yo me imaginaba pues creía que me iba a encontrar con algo como la sex shop en Amelie, pero resultó que me topé con un localito normal, medio escondido y lleno de dildos, lubricantes y condones.

Él me compró unas bolas wen ba y en nuestro desconocimiento pensamos que estos eran juguetes como vibradores, pero luego de investigar un poco me di cuenta que son para ejercitar los músculos pélvicos. Las usamos pero no fue tan divertido como nos lo imaginamos.

Mientras estábamos en la tienda terminando de comprar, entró una persona. Al principio no le pusimos atención, pero luego de escuchar su conversación con el chavo que atendía volteamos a ver y resultó que era un amigo de la universidad que andaba en busca de un regalo para su novia. Al hacer contacto visual los tres nos pusimos nerviosos, nosotros escondimos nuestra compra y él salió del local con las manos vacías. Los siguientes días en la universidad fueron bastante incómodos.

Fui a traer el consolador de mi prima y pensaron que era gay

Desde que era pequeño siempre me llevé muy bien con una de mis muchas primas. Ella tiene la misma edad que yo y siempre nos hemos contado todo.

Hace unos años, me contó que había ido con su novio a comprar un consolador, pero los de la tienda quedaron de entregárselo un día después. El problema era que ella tenía que trabajar y no le daba tiempo de ir así que me pidió favor para que le recogiera “el paquete”. A mí no me pareció la gran cosa y sin pensarlo mucho acepté.

Nunca había ido a una sex shop y al entrar todo fue extremadamente raro porque todos los que atendían eran hombres y yo no sabía cómo decir que iba por un consolador porque para hacerlo peor, el pedido estaba a nombre del novio de mi prima. Sé que puede leerse ridículo, pero fui directo al área de “cosas para hombres” y me aseguré que los trabajadores de la tienda me vieran, según yo para que no pensaran otra cosa.

Finalmente me armé de valor, me acerqué a la caja y pedí el encargo. Cuando lo hice, el chavo me preguntó si era para mí  y comentó que tenía opciones mucho mejores que esa. Yo me hice el enojado pero por dentro me estaba muriendo de la vergüenza, así que pagué el encargo, agarré la bolsa y me fui. Volví a ir a una sex shop, pero nunca más a esa.

Ángela Jiménez

Soy bartender, emprendedora y mujer apasionada. Estudio ingeniería en informática y puedo comer pizza en cantidades industriales.