Relaciones-sexuales

Los lugares más insólitos donde han cachado a parejas teniendo sexo

Hay muchos factores que pueden hacer que las hormonas nos vibren y que perdamos tanto la cabeza, que terminemos haciendo cosas que ni pensándolas dos veces nos animaríamos a hacer. Mientras que algunos prefieren el carro o los autohoteles para tener sexo, hay otros que deciden hacerlo en lugares un tanto insólitos y, lo peor de todo, que algunas veces se llevan enormes sorpresas. Aquí te compartimos algunas de esas historias:

José – 29 años

Cuando salí del colegio estudié producción audiovisual y después conseguí una beca para continuar con esa línea de estudios. Estuve tres años en Nueva York y además de aprender mucho sobre cine pude cumplir mi fantasía de andar con una chava asiática. Sí, esa era mi fantasía y nadie puede juzgarme.

Su nombre era Amy Kim y hubo una especie de clic desde que nos vimos. Teníamos muchas cosas en común y era tan guapa que sinceramente hacía arder mis pantalones cada vez que la miraba.

La vida en Nueva York es bastante cara, cada quien vivía con otras dos personas para compartir los gastos y por eso rara vez teníamos privacidad en alguno de los dos apartamentos. Pero como “querer es poder” buscamos lugares para quitarnos las ganas de estar juntos. Era arriesgado, pero a la vez emocionante y conforme avanzaba el tiempo nos volvimos unos expertos para identificar oportunidades.

Una vez “estábamos en eso”, en un cuarto que era una especie de cineteca cuando de repente escuchamos que alguien abrió la puerta y entró al lugar. Nos vestimos rápido y empezamos a movernos despacio mientras calculábamos dónde estaba la otra persona para jugarle la vuelta e irnos, pero todo estaba muy oscuro.

Cuando nos faltaban unos dos metros para llegar a la puerta, la luz se encendió y uno de nuestros profesores nos sorprendió por la espalda.

Nos hicieron una llamada de atención escrita y todos nuestros compañeros se enteraron de alguna forma. Las bromas respecto a que seguro yo salía con las nalgas marcadas con forma de VHS y ese tipo de cosas no tardaron en llegar.

Después de eso, ella se empezó a portar muy distante y terminamos casi al mes.

 

María Luisa – 24 años

Llevo 5 años con mi novio Carlos y aunque la hemos pasado muy bien todo este tiempo, eventualmente buscamos hacer cosas distintas para que la relación no se vuelva aburrida, tanto en las salidas como en el tema sexual.

La familia de él vivió un tiempo en Chiquimula y cuando mi novio –que es de mi misma edad- tenía 18 años, se mudaron a la capital, pero jamás vendieron la casa ni los muebles así que cuando habían feriados largos, aprovechábamos para ir.

Sinceramente nos encerrábamos durante toda la visita para hacer lo nuestro y solo salíamos para ir al supermercado cuando nos aburríamos de la comida chatarra.

Tener una casa para estar solos era genial y aunque a veces nos intentábamos de engañar a nosotros mismos diciendo que íbamos a estar un poco más calmados y aprovecharíamos el tiempo para hacer cosas como cocinar y platicar mucho, siempre terminábamos teniendo relaciones apenas 20 minutos después de haber llegado a la casa.

Yo siempre temí que un día sus papás o alguien de su familia fuera a aparecer repentinamente, pero fuimos más de 5 veces y eso jamás sucedió, así que poco a poco me fue dejando de importar. Un día estábamos en la sala cuando mi mayor miedo se volvió realidad: la puerta se abrió y ni si quiera tuvimos tiempo de salir corriendo o taparnos con algo.

Tal como hubiera sucedido en una novela, la señora que nos encontró gritó: “¡Carlos, Dios guarde!” y se llevó la mano a la boca. Estaba asustada, pero no se iba ni cerraba los ojos ni nada.

Yo empecé a reírme de los nervios y mi novio se tapó con un cojín y empezó a decirle a la señora que se sentía muy apenado y que no sabía que iba a llegar. Ella finalmente reaccionó, se dio la vuelta y dijo que regresaba después.

Pasaron cerca de 10 minutos cuando la mamá de mi novio lo llamó por teléfono. La señora era una vecina que lo conocía desde pequeño y que todos los meses le hacía el favor a la familia de ir a traer los recibos del agua y la luz para pagar las cuotas mínimas para que no les cortaran el servicio. A partir de ese día dijo que no volvería a ir a la casa.

Mis suegros le dijeron a Carlos que iban a cambiar la chapa principal y nosotros jamás quisimos ir de nuevo a comprobarlo.

 

Javier – 27 años

Había una chava que me gustaba un montón, pero desde que la conocí tenía novio. Cuando al fiiiiiiiiiiin estuvo sola parecía estar un poco despechada y yo aproveché para venderle la idea que tal vez debería tener un amigo con derecho para pasarla bien, sin involucrar sentimientos porque ella no estaba para eso en ese momento. La idea pareció gustarle, pero el problema -según ella- era que no tenía con quién experimentar eso así que cuando terminó de decirlo, le dije que yo me apuntaba sin problema.

La primera vez que salimos en plan de amigos con derecho pensamos que sería buena idea ir a un parque ecológico, para caminar y platicar un poco. Tardamos mucho en ponernos de acuerdo para escoger un lugar y al final fuimos a uno ubicado en la Capital. Cuando llegamos, faltaba apenas una hora para que lo cerraran, pero yo no quería que se nos cayera el plan y nos animamos a entrar, pensando en que total seguramente tampoco iba a haber mucho para ver y que en unos 45 minutos habríamos terminado.

Entramos y después de un rato de plática tocamos el tema de andar en plan de amigos con derecho. Cuando le dije que no podía creer que ella se apuntara a eso, ella me respondió que era en serio y que podía demostrármelo. Empezamos a besarnos y una cosa llevó a la otra. Todo estaba tan bien y tan emocionante que hasta nos movimos de lugar para estar más cómodos. Se nos fue el tiempo, pero como sabíamos que ya iban a cerrar decidimos vestirnos y buscar la salida unos minutos antes de la hora que habíamos leído en los letreros de la entrada.

Ya estábamos cerca y de la nada aparecieron unos rottweiler y nos rodearon. “Mi amiga” entró en pánico y yo como sabía que estábamos jodidos y no había forma de salir corriendo y salir ilesos, le dije que se quedara quieta y no dijera nada. Los perros estaban posicionados en círculo, nos enseñaban los dientes y nos ladraban, pero no se movían y pensé que si no hacíamos nada para alterarlos, al final todo saldría bien y claro, eso no fue lo que pasó. Uno de los perros se le dejó ir a mi amiga y la atacó en la pierna. En ese momento aparecieron los guardianes del lugar, uno silbó y los perros se alejaron de nosotros.

Los señores nos preguntaron que si estábamos bien y que si ella podía caminar o necesitaba ayuda. Nosotros solo queríamos salir de allí y mi amiga insistía en que estaba bien, a pesar que se le veía sangre en el pantalón. Cuando llegamos al carro se revisó y notamos que el perro solo la prensó con la trompa, pero no la mordió realmente. Si hubiera querido hacerle daño, seguramente tendría una historia mucho más gruesa que contar y me hubiera arrepentido de llevarla allí. Al final no nos cacharon teniendo relaciones, pero creo que los guardianes sí lo sospecharon.

Nosotros seguimos hablando y al final nos hicimos novios, y duramos unos 8 meses.

Astrid Morales

Soy una veinteañera que edita textos durante el día y busca historias invisibles por la noche. Amante del cine independiente, los vinilos, la fotografía. Me gustaría vivir en un mundo que se vea como una película de Wes Anderson y suene a Kraftwerk.