Auto-hotel

Lo más intenso que han vivido estos trabajadores de autohotel

A todos en algún momento nos han pasado cosas extrañas o extremas en nuestros trabajos, pero claro, hay de experiencias a EXPERIENCIAS. Los trabajadores de bares, hospitales, discotecas y autohoteles tienen entre su repertorio de historias, algunas bastante impactantes.

Las experiencias de los trabajadores de autohotel me llaman la atención desde que mi compañera de u, Ana, estuvo en uno algunos meses. El morbo hacía que casi siempre, ella fuera el centro de atención del grupo y después de eso empecé a buscar más historias:

Ana – 26 años, autohotel zona 9

Todo ocurrió hace como un año y medio, cuando tenía apenas unas tres semanas de haber empezado a trabajar en el lugar. Los días más relajados eran los lunes, pero en uno de esos “inicios de semana laboral” llegaron tres vehículos, uno detrás del otro. Los atendí a todos y la tarde siguió tranquila, hasta que una hora después noté que llegó la policía.

Me puse súper nerviosa y no sabía si llamar a mi superior o ver si podía manejar la situación yo misma, me quedé prácticamente inmóvil. Finalmente un policía me explicó que estaban en busca de una mujer que había cometido un delito y sabían que estaba dentro del autohotel.

Acompañada de unos oficiales, fui a las habitaciones ocupadas. Llegué a la primera y toqué la puerta varias veces, pero no abrieron. Finalmente abrí la puerta de la habitación porque estaba segura que las características que me habían dado de la mujer coincidían con las de la clienta.

Cuando abrí pude ver que entré en un muy mal momento -para nosotros- y bueno para la pareja. Lo peor es que me equivoqué de cuarto. Cerré la puerta de inmediato y automáticamente empecé a pensar en todas las cosas que me iban a decir al momento de despedirme.

Sentí que la situación se salió de control y como sabía que tarde o temprano, mi jefe se enteraría de todo, le llamé. Él se hizo cargo de todo. Esperaron a que las personas estuvieran a punto de retirarse para interrogarlas y finalmente encontraron a la sospechosa.

Afortunadamente los clientes de la habitación que abrí no presentaron ninguna queja. Además ese año terminé mi técnico universitario, renuncié al trabajo del autohotel y logré conseguir uno relacionado a mi carrera.

 

Juan – 31 años, auto hotel en la  Calzada Roosvelt

Un día cualquiera recibí una llamada en la que pedían un servicio de comida a la habitación. Anoté la orden y cuando estaba lista me dirigí a hacer la entrega.

Cuando llegué una señora de cincuenta y tantos abrió la puerta, le entregué la comida y estaba a punto de irme, pero ella empezó a hablarme. Al principio la conversación fue sobre el lugar y lo bien que se veía la comida, pero después su pareja se acercó a la puerta y él si fue directo al grano: quería saber si me apuntaba a un trío.

Yo me negué, pero aparentemente para ellos un “no” era sinónimo de tener que insistir para que entrara al cuarto. Sentí que las cosas se ponían más tensas, me disculpé y ya no les dí chance de que me siguieran hablando. Casi corrí de regreso a la cocina.

Le conté todo a mis compañeros y finalmente uno de ellos accedió a sustituirme en ese servicio. La pareja ya no volvió a pedir nada y nunca los volví a ver.

Maryori – 27 años, auto hotel en la Atanasio Tzul

Luego de llevar dos años trabajando en el mismo lugar ya conocía a un par de clientes, entre ellos un hombre que se caracterizaba por siempre llegar con una chava distinta.

Además de quererme sacar plática cada vez que llegaba, otra de las cosas que el cliente siempre hacía era dejarme una buena propina.

Todo transcurría muy normal en una de las visitas del señor hasta que al momento de pagar por el servicio me ofreció Q5000 si aceptaba tener relaciones sexuales con él. Por supuesto me negué y entonces él me dijo que podía darme Q3000 si solo quería ver mientras que estaba con la otra chava.

Me asusté mucho, sobre todo porque me daba la impresión de que el cliente estaba involucrado en algo turbio, porque ¿quién le ofrece a uno esa cantidad de dinero tan fácil si una habitación cuesta aproximadamente Q400?. Además su carro era un pick up blanco, muy polarizado y lujoso.

Corté la conversación, le di el vuelto y acceso a la habitación, y me retiré de la ventanilla. El cliente volvió varias veces después de eso e insistía con su oferta. Finalmente renuncié porque me daba pánico pensar que las cosas podían salirse de control y la verdad es que el horario era muy malo.

Ángela Jiménez

Soy bartender, emprendedora y mujer apasionada. Estudio ingeniería en informática y puedo comer pizza en cantidades industriales.