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Las peores y mejores experiencias de un Policía Municipal de Tránsito

A diario en el tráfico o en cualquier semáforo nos topamos con uno de los más de 4,000 policías de tránsito de la Ciudad. Estas personas trabajan a diario por mantener y velar por el adecuado orden vial de medio millón de vehículos que circulan por toda la Ciudad y a la vez, garantizar la libre locomoción del peatón.

A pesar de estar expuestos a lluvias, frío o calor extremo y respirar monóxido de carbono durante jornadas de 48 horas alternadas (trabajo y descanso) ellos cumplen con su labor. Gracias a estos servicios algunas personas elogian su labor, pero para otros, los policías de tránsito son un enemigo público al que hay que tratar de intimidar y menospreciar.

Esto último me hizo pensar en cuáles son las experiencias positivas o negativas y los retos que un Policía Municipal de Tránsito (PMT) enfrenta a diario. Pude platicar con un agente cuyo nombre no puedo revelar, y esto fue lo que me contó:

5 años en las calles regulando el tránsito de la Ciudad me han dejado experiencias únicas que me ayudaron a formar mi carácter. Desde que apliqué a esta plaza sabía que no sería fácil, incluso mis amigos y familia me recomendaron que buscara otro trabajo debido a todo lo que se oye y se ve a diario respecto a lo mal vistos que están los policías.

Después de pasar las pruebas y ser seleccionado para la plaza hice un entrenamiento cívico militar que duró 4 meses. Además de prepararme físicamente recibía cursos acerca del reglamento de tránsito, la Constitución Política de la República de Guatemala y las leyes que conforman el Código Penal. Al final del proceso me evaluaron con exámenes respecto a todos esos temas y después que los aprobé, me gradué. El siguiente paso era salir a las calles y cumplir con mi deber.

Los primeros meses fueron muy difíciles porque el supervisor de área asigna un sector o punto de conflicto del tránsito en horas pico a cada agente. Pararme en una esquina y dar vía a cientos de vehículos que pasaban muy cerca de mí me ponía muy nervioso.

Recuerdo muy bien que las primeras veces debía detener un lado del tráfico por más de 15 minutos para dar vía a los otros vehículos, pero a la gente no le gusta que la hagan esperar y se desespera con facilidad. Escuchar el sonido de las bocinas insistentes de una larga cola de automóviles puede resultar muy desesperante, pero las órdenes y los lineamientos que recibíamos de nuestro encargado eran claras.

Cuando cambiaba de lado y le daba vía a los conductores que habían estado esperando me sorprendía cómo la gente es capaz de expresar tanto odio y rabia hacia alguien. “Maldito”, “basura” y una serie de palabras que prefiero olvidar son cosas que escucho a diario y que aunque al principio me aturdían, conforme ha pasado el tiempo he logrado bloquear, a tal punto que ya no me afectan. Ahora sé que la ley nos ampara para actuar contra cualquier persona que pueda llegar a agredirnos.

En una ocasión una persona sacó medio cuerpo por la ventana de su vehículo y detuvo la marcha únicamente para insultarme, pero no se fijó que atrás venía otro automóvil a una velocidad considerable y el resultado fue un impacto entre los dos. Gracias a Dios me percaté a tiempo para hacerme a un lado y mis otros compañeros corrieron a auxiliarme. Queríamos actuar contra esa persona, pero se dio a la fuga.

Cuando me asignaron el sector de Carretera a El Salvador fui testigo de lo inconsciente que puede ser la gente. Una vez nos informaron de un vehículo que se quedó a mitad del kilómetro 13, lo ubicamos y coordinamos con la Policía Nacional Civil para que revisaran el mismo. Mi sorpresa fue grande al saber que el conductor se había quedado dormido debido a su estado de ebriedad. Los agentes de la PNC tuvieron que romper las ventanas para poder sacar a la persona y le consignaron el vehículo con el que causó un incidente que generó un atasco vial de más de tres horas.

Cuando me toca estar en un retén mi función principal es verificar que las personas no incurran en algunas de las faltas más conocidas del Reglamento de Tránsito como exceso de velocidad, hablar por teléfono al conducir, manejar en estado de ebriedad, no llevar casco protector en el caso de las motos y el incumplimiento a la restricción de horario del transporte pesado. Tratar con personas ebrias es muy difícil porque muchas veces se vuelven agresivas y hacen hasta lo imposible para que no los multemos o llamemos a la PNC para que resuelvan la situación.

Pero no todo son experiencias negativas, hay días en los que vuelvo con una gran satisfacción a mi casa. A veces se me acercan personas para agradecer mi labor, me han regalado café o algo de comer cuando notan que mis turnos son largos y pesados y que a pesar de la lluvia o el frío permanezco en mi puesto.

Una de mis satisfacciones más grandes fue el año pasado, cuando fui elegido para dar un discurso motivacional a una de las promociones que se graduaría de policía de tránsito. Esta experiencia me hizo sentir que mi lucha diaria por ordenar el tránsito vehicular contribuye a cambiar el rumbo de este país.

Lamentablemente Guatemala carece de educación vial y eso se ve reflejado en el comportamiento de los conductores. Esta situación puede cambiar si le enseñamos a las nuevas generaciones sobre la Ley de Tránsito, por eso insto al Ministerio de Educación a que imparta esas reglas y normas. Solo así tendremos un mejor futuro.

Gerber Consuegra

Mi inspiración proviene de escuchar DnB a todo volumen. Además, me gusta contar historias increíbles pero ciertas. ¿Cuál es la más insólita? Leeme para averiguarlo.