Community manager

Las peores experiencias que Community Managers han tenido con sus clientes

Ser Community Manager está idealizado por mucha gente y algunos hasta creen que es un trabajo fácil, pero la verdad es que es bastante demandante.

De cierta forma, en sus manos está lo que los demás pensemos de las marcas, tienen que actualizar las páginas constantemente y ponerse vivos cuando sale alguna tendencia para ver si la pueden aplicar a sus redes -o intentar imponer una-, y mucho más.

Hablé con tres de ellos y coincidieron en dos cosas: 1) que detestan que las personas les pregunten cosas que ya están claras en las publicaciones; 2) que todos los mencionados anteriormente ya tienen un lugar ganado en el infierno.

Para conocer otros detalles de lo que deben lidiar a diario como parte de sus funciones, les pregunté sobre las malas experiencias que han tenido y esto fue lo que me contaron:

Evelyn – 28 años

Manejo cuatro cuentas distintas en mi trabajo y dos de ellas tienen varias Fanpages porque, aunque son de una misma marca, son de distintos países y las promociones y precios que se manejan son diferentes.

La primera vez que metí la pata con una publicación me di cuenta al instante y borré el error. Lo que pasó fue que no cambié el usuario y le respondí a un cliente desde mi perfil personal. Según yo, todo estaba bien, pero no pasó mucho tiempo cuando noté que al cliente sí le había dado tiempo de ver la publicación ¡porque me envió un mensaje a mi cuenta!

Era un hombre mayor, de unos sesenta años. Empezó la conversación con un “Hola, qué guapa estás”. Antes de bloquearlo llamé a dos de mis compañeras para ver su perfil por puro morbo. Estábamos en eso cuando volvió a escribirme y en su mensaje nuevo me proponía ir a conocerlo a Puerto Rico; que él podía pagarme el vuelo y mantenerme el tiempo que quisiera. Aunque nos reímos, la verdad me pareció muy creepy. Lo bloqueé de Facebook y nunca volví a saber de él.

Jimena – 20 años

Hace poco más de dos años manejaba las redes de una productora de eventos. Mi primer proyecto fue difundir una campaña sobre un concierto y la verdad, la respuesta era muy alta. Las publicaciones no tenían ni cinco minutos de estar en línea y ya había varios usuarios preguntando cosas -que estaban en el post btw-. No pasó mucho para que identificara cuentas de gente que publicaba hasta 15 comentarios diciendo que ellos querían ir -como si se tratara de un concurso- y empecé a ignorarlos.

Llevaba menos de una semana en ese trabajo cuando me hicieron una llamada de atención por eso y la verdad me hizo sentir muy mal y nerviosa. Para que ya no volvieran a decirme nada empecé a revisar las redes todo el tiempo, literalmente solo las dejaba libres cuando dormía. “Como lo estaba haciendo bien”, me dieron otras cuentas y un día, entre tanta cosa, me confundí y respondí en un post que la entrada a un concierto era gratis -cuando en realidad la entrada costaba más de Q300-. Me di cuenta de mi error a los pocos minutos y por supuesto, lo borré y respondí de nuevo, con la información real. El problema fue que la persona a la que le respondí ya había hecho un screenshot y estaba alegando en sus redes y hasta publicó un video en el que su hija adolescente lloraba “porque se había ilusionado y ahora le decían que no iba a ir al concierto”.

Al final me descontaron de mi sueldo el costo de la entrada y encima tuve que entregársela a la persona con una sonrisa. Sé que cometí un error, pero la señora es una aprovechada. La odio.

Daniel – 24 años

El 13 de septiembre de 2017, cuando los diputados votaron a favor de reformar el delito de financiamiento electoral ilícito, me compartieron dos listados. Uno era de los que habían estado a favor de modificar la agenda del día y el otro, de quienes votaron por reformar el Código Procesal Penal.

Hice un arte con los rostros de los que votaron por reformar la ley y lo publicamos. A los minutos noté que dos de ellos no estaban en la lista y claro, empezaron a llover los comentarios en la web. Borramos la imagen, creamos otra y la publicamos, pero ya había gente que la había guardado y la compartía en sus redes, con el logo del lugar donde yo trabajaba.

Sentí que todo se salió de control cuando los diputados personalmente comenzaron a llamar a la empresa -y a mi extensión- para reclamar el cambio, porque los estaban atacando en redes. Fue horrible.

Astrid Morales

Soy una veinteañera que edita textos durante el día y busca historias invisibles por la noche. Amante del cine independiente, los vinilos, la fotografía. Me gustaría vivir en un mundo que se vea como una película de Wes Anderson y suene a Kraftwerk.