The Hangover

Las peores experiencias de estas personas en borracheras

De los creadores de “solo una y nos vamos” y “no me puedo pasar de un par porque tengo U mañana”, llegan algunas de las peores experiencias en borracheras -porque de otras ni se recuerdan-.

Axel – 23 años

La primera vez que tomé sinceramente no estaba seguro de lo que estaba haciendo y mucho menos de si era la forma correcta. Había escuchado que era mala idea mezclar y que era mejor que tuviera algo en el estómago antes de empezar, pero como no sabía que ese día me iba a animar, no me preparé. Era mi primer año de U y como me dieron un carro, mis papás aprovechaban para sacarme el jugo cada vez que pudieran. Me pedían que fuera al súper, que llevara a mi hermana a la casa de sus amigas y así, pero como siempre me daban dinero para la gas yo no me quejaba.

Un día me tocó ir a traer a mi hermanito a la kermés de su colegio y salió con un pollo de esos pequeños pintados. Yo empecé a molestarlo con que se le iba a morir o que el perro de la vecina se lo iba a comer y cuando a penas me parqueé enfrente de la casa se bajó enojado, somató la puerta y corrió a la casa. Me aseguré que entrara y de una vez me fui a la casa de un amigo de la universidad que vive a un par de colonias.

Yo llevaba la música a todo volumen, pero cuando llegué y apagué el radio empecé a escuchar un pio pio. Me dio hueva regresar a dejar el pollo de mi hermano a mi casa, pero tampoco fui tan mala onda de dejarlo allí, entonces lo bajé a la casa de mi amigo.

Aquel me recibió y allí estaba un vecino que no conocía, otros dos de la u y su novia. Desde que los vi supe que tenían algo planeado; en eso empezaron a sacar las botellas y unas gaseosas, el plan era obvio. Metimos al pollo en una canasta de esas de lavandería y empezamos a tomar sin comer nada.

A mí solo me iban diciendo que tomara lo que fuera y yo me apuntaba a todo, pero como nunca lo había hecho, me pegó rápido. Tengo como flashazos de lo que pasó esa tarde.

Lo peor es que mis cuates tienen un video donde yo abrazo al pollo de mi hermano y les pregunto a todos insistentemente si no es lo más bonito que habían visto en toda su vida. No tengo ningún comentario más que hacer al respecto -.-

José Pablo – 29 años

El año pasado dos cuates de mi grupo de la u se pelearon por una chava. Después de unas semanas la fresquearon y a los demás se nos ocurrió organizar una fiesta para que la reconciliación fuera oficial y ellos terminaran de arreglarse.

Para hacerle tiempo a algunos del grupo, otros cuatro empezamos con unos chuchitos y guacamol, acompañados de un par de cervezas mientras platicábamos y fumábamos sentados en el Tanque de la Unión, en La Antigua. A nosotros no nos gustan los bares, preferimos tomar en parques o plazas y que de regreso a casa, ya bien a mostaza nos acompañe el fiel cadejo.

Luego de hacer base y de calentar motores para el desmadre empezaron a llegar todos los demás y unos ya llevaban botellas llenas de líquidos espirituosos.

Pasaron las horas y ya estábamos algo alegrones cuando vimos de lejos a la policía. Estábamos tomando en vasos de duroport y empezamos a hacer el mate que era atol, soplando los vasos. Al final se fueron y nosotros seguimos con lo nuestro.

Finalmente llegó el momento que marca un límite entre una reunión sana y un desmadre… un amigo se vio en la necesidad de desperdiciar todo el dinero que ya había ingerido, otro tuvo la maravillosa idea de llevarle serenata a su ex y le rogó a unos mariachis que nos encontramos afuera de un restaurante que le bajaran la tarifa, pero ellos ni le ponían atención. Aquel se les puso al brinco y empezó a gritarles que si creían que el no tenía dinero estaban equivocados y nos convenció a todos de acompañarlo al cajero. Cuando llegamos, el negocio donde estaba ya había cerrado. Mi cuate se enojó tanto que empezó a jalar y a empujar la puerta con todas sus fuerzas, que realmente no eran muchas porque ya estaba muy bolo.

Fuimos a una tienda donde conseguimos un par de cervezas más y después de eso borré cassette. Sí, lo siguiente que recuerdo es que eran las 9 o 10 de la mañana y estaba en una camioneta de Pinula, que al final nos dejó en el Obelisco con otros dos cuates. Llegué a mi casa apestoso y aunque según yo iba a ir a cuajarme cual gelatina de vodka, mi mamá me mandó a pagar la luz  y no me dejó ni bañarme ni comer porque había que ir antes de que cerraran al mediodía. Unas chavas que estaban medio guapas se rieron de mí y me miraban con cara de asco todo el tiempo mientras hacía la cola para pagar. “Bien jugado, mamá”.

 

Anamaría – 31 años

Tengo un par de historias de borracheras, pero “la top” fue una que pasó hace unos 9 años. Como nos acababan de pagar, andábamos en plan de tratarnos bien con unos amigos de la oficina y entonces fuimos a una pizzería medio finolis en la zona 10. Allí pedimos una botella de vino y después pasamos a un bar donde probamos varios cocteles.

Ya medio encendidos fuimos a dar una vuelta a una disco que tenía una promo de all you can drink y por supuesto, todo se salió de control. Yo terminé descalza porque estaba harta de los tacones, me agarré con alguien cuando estaba bailando y ni siquiera recuerdo su nombre. Un amigo que siempre se las tiraba de que era un rockero malote de esos de pelo largo “se inventó” un paso para bailar salsa en la discoteca e intentó que toda la gente lo imitara. Fue demasiado.

El tercero del grupo no paraba de reír, pero era el más sobrio y se encargó de que nosotros dejáramos de hacer el ridículo cuando ya nos habíamos pasado de copas. Regresamos a nuestras casas en taxi a las tres o cuatro de la mañana y el medio-sobrio y yo íbamos cantando a todo pulmón, mientras que el rockero estaba literalmente doblado.

Probablemente mi historia no sea tan loca como otras, pero me la pasé increíble y tengo fotos “del rockero y su paso de salsa”, que son el equivalente a un arma poderosa cuando se trata de fregarlo.

Estas historias posiblemente no son las más gruesas, pero sí te dan una idea de lo que pasa cuando te ponés hasta atrás. Lo mejor es que siempre haya un conductor designado o simplemente no le entrés de más al fresco. ¡Vivos!

Astrid Morales

Soy una veinteañera que edita textos durante el día y busca historias invisibles por la noche. Amante del cine independiente, los vinilos, la fotografía. Me gustaría vivir en un mundo que se vea como una película de Wes Anderson y suene a Kraftwerk.