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Las historias más insólitas contadas por taxistas

Los taxistas son unos personajes únicos y sumamente necesarios. Nos sacan de apuros, “huelen” cuando vamos a tarde a algún lugar y se apresuran; a veces nos tiran presión para que nos apuremos a salir cuando ya nos llegaron a traer, se echan chistes incómodos respecto a que nos van a cobrar un ojo de la cara cuando nos hacen una carrera en horas pico y a la mayoría le gusta platicar. A veces tocan el tema del clima o de los gustos musicales como cualquiera, otros ya en confianza -o si tienen una personalidad extrovertida- cuentan sobre sus familias, compañeros de trabajo y hasta se echan unas “historias bárbaras”. Estas son las tres más insólitas que me han contado hasta el momento.

Carlos –  taxista desde hace 14 años 

Ya llevo rato manejando taxi y la mayoría de mis carreras salen de clientes fijos. Con algunos hasta tengo contratos por mes para ir a dejarlos y a traer a su trabajo. A veces me paro en las esquinas, en los parques o cerca de las iglesias o universidades, según la hora, para hacer tiempo y más de algo sale, aunque una vez no me resultó nada bien.

Hace un par de años paré un rato en el Parque Concordia y a los pocos minutos me fue a hablar un chavo. No me dio muy buena espina, pero ya eran como las 2 p.m. y yo apenas había hecho dos viajes, como de Q50 cada uno, entonces me animé a llevarlo.

Me dijo que lo llevara a la zona 18 y cuando íbamos ya algo cerca sacó un cuchillo y me dijo que me bajara del carro. Yo no podía dejar que se llevara el taxi y sin pensarlo me le dejé ir encima hasta que al final logré sacarlo del carro. Empecé a gritar y cuando la gente empezó a darse cuenta, el chavo se puso nervioso y salió corriendo. Me han asaltado varias veces, pero el que se lleven el dinero de algunas carreras a que me dejen sin carro son otros veinte pesos.

Nervioso regresé a la zona 21 que es donde me mantengo normalmente y ya allí traté de bloquear lo que me había pasado y seguí con mi trabajo.

Al otro día vi la prensa y encontré una cara que se me hizo familiar. La policía agarró al tipo que me había intentado asaltar y lo estaban buscando porque se había fugado de Pavón un par de días antes.

 

Luis Fernando – taxista desde hace 6 meses

Hace unas semanas me salió una carrera afuera de un centro comercial. Siempre que hago viajes de noche me pongo algo nervioso porque llevo poco tiempo en esto y la violencia está pesada, pero me paró una pareja de unos 19 o 20 años y ambos iban con uniforme (él de estudiante de medicina y ella de un banco) y se miraban tranquilos, entonces me sentí más relajado. Se subieron a la parte de atrás y me pidieron que manejara a un restaurante en la Petapa.

Conforme pasábamos los semáforos, la pareja se fue poniendo cada vez más cariñosa. Yo los veía por el retrovisor y fingía que me molestaba algo en la garganta para hacer ruido y llamar su atención, pero no funcionó. Cuando faltaban unas 10 cuadras para llegar al lugar, la cosa ya se había salido de control y la verdad ellos se estaban besando como si no hubiera mañana y metiéndose mano.

Les avisé que estábamos por llegar y cuando lo hice, el chavo me dijo que manejara de regreso al centro comercial donde los había recogido. ¡Sí! Al final fui una especie de “autohotel sobre ruedas”, pero les cobré bastante caro el viaje y accedieron a pagarlo.

De igual manera, les dejé mi tarjeta por si querían repetir la experiencia.

 

Luis – taxista desde hace 8 años 

Una vez me abordó una señorita en la Avenida Las Américas y me pidió que la llevara a un autohotel ubicado en la Calzada Roosevelt. En el camino noté que estaba algo ansiosa y no dejaba de llamar por teléfono, pero no le contestaban. Cuando llegamos al lugar me dijo que entrara el carro y que necesitaba que la esperara un rato porque no estaba segura si el chavo con el que se iba a juntar iba a llegar.

Esperamos cerca de 15 minutos y el tipo no daba señales. Como no veía nada claro y la verdad, para mí el tiempo es dinero, le dije a la seño que si necesitaba que la llevara a algún otro lado o la dejaba allí porque yo tenía que hacer más carreras.

Ella resultó con que no tenía dinero para pagarme el viaje y yo me enojé un montón. Le dije que llamara a su casa, o a una amiga, o a quien fuera, pero que tenía que cancelarme el viaje, así que me llevé una sorpresa cuando me dijo que ya que estábamos en ese lugar, podíamos aprovechar.

Ella estaba muy guapa y bueno, al final terminé pagando la habitación y llevándola de regreso a Las Américas.

Astrid Morales

Soy una veinteañera que edita textos durante el día y busca historias invisibles por la noche. Amante del cine independiente, los vinilos, la fotografía. Me gustaría vivir en un mundo que se vea como una película de Wes Anderson y suene a Kraftwerk.