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Las cosas intensas y cursis que estas personas hicieron en su adolescencia

Nadie puede negar que cuando fue adolescente hizo cosas cursis, intensas y seguramente muy ridículas. No importa si sos punk, rockero, fresa o hipster, todos tenemos ese pasado romántico que en ocasiones preferimos no recordar.

Sí, nos ilusionaban los globos, peluches, tarjetas, y esas cursilerías empalagosas que a estas alturas de la vida, ni de chiste daríamos o quisiéramos recibir. Solo recuerdos quedan (música nostálgica de fondo).

Estas tres historias nos sacaron las risas y las lágrimas internas, porque nos identificamos o porque son nuestras y usamos un alias por la pena del “qué dirán”.

 

Sergio – 28 años

Soy bastante cariñoso y espontáneo. Sinceramente no me importa mucho lo que piensen los demás y cuando alguien me gusta soy capaz de muchas cosas para demostrárselo.

Lo más intenso que hice por alguien fue mandarle a diseñar e imprimir una manta vinílica y colgársela en el Periférico, por Peri-Roosevelt para “avisarle” que me gustaba.

La fui a colgar con un amigo cerca de la hora en la que sabía que la chava pasaba por allí de camino a su casa. La vimos pasar en su carro y esperé a que me llamara o diera alguna señal, pero eso no pasó.

Mientras mi amigo se partía de la risa tuve que llamarla por teléfono, empezamos a hablar y ella no decía nada, ni para bien ni para mal. Cuando me di cuenta que ella ni si quiera había visto la manta le tuve que decir que diera la vuelta para volver a pasar frente a Peri.  Lo hizo y allí sí recibí una respuesta. Ya saben, que era muy lindo y todo eso. Nos hicimos novios y duramos un par de años.

Gabriela – 28

“Todo en mi vida amorosa es cursi, bueno, a mi parecer. Cuando estaba en el colegio hice de todo por llamar la atención de los chavos que me gustaban. Desde mandar poemas y cartas con mis amigas, hasta llevar flores. ¡Imagínense a una chava mandándole flores a un chavo! Era como para morirse de vergüenza. Recuerdo que una vez me levanté muy temprano para llegar al colegio antes que todos; llegué a la clase del que fue mi primer novio y pegué en las paredes frases de amor dedicadas a él destacando sus cualidades. En el centro de la clase pegué un cartel gigante que decía: ¿Querés ser mi novio? No me importaba que se rieran de mí o lo que pensaran, ya que lo único que yo esperaba era un sí como respuesta. Al final nos dimos un beso y un abrazo. Esa relación no duró mucho pero me quedó la satisfacción que no me dio miedo arriesgarme por lo que quería. Fue muy lindo mientras duró”.

Juan Carlos – 28 años

Hace varios años yo estaba colgado de una chava que se llamaba María Belén. Ella me tenía friendzoneado pero yo la llamaba todos los días. A veces hablábamos por horas y, obviamente, a fin de mes llegaba la factura del teléfono a mi casa y siempre se me armaba clavo. Mis papás llegaron a tener una deuda de un poco más de tres mil quetzales. ¡Sí, tres mil quetzales!

Mi papá se enojó tanto que aunque pagó la deuda, mandó a quitar la línea del teléfono y como “me dejaron sin opción”, una vez en escondidas agarré el de mi abuelo que en esa época se dedicaba a manejar taxi y me gasté sus Q300 de saldo.

Estuve en el papel de mejor amigo por unos dos años y al final nos hicimos novios. Duramos apenas tres meses y todo fue un desastre.

Todavía le hablo de vez en cuando. Yo estoy soltero y ella vive con su novia.