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La perturbadora historia de Karl Von Cosel, el doctor necrófilo

Existe un dicho que afirma que cada persona es un mundo y cada mundo es diferente. Quizás esa sea la explicación para esta historia porque hasta la fecha, nadie ha podido explicar la forma en la que funcionaba la cabeza del Karl Von Cosel, un famoso doctor que cometió actos abominables.

Von Cosel nació en 1877 en un pequeño pueblo llamado Dresden ubicado en Alemania y vivía en una casa que tenía la reputación de estar embrujada por la Condesa Cosel, una mujer que había muerto en 1765.

A los 24 años Cosel ya tenía estudios en medicina, filosofía, matemática, química y física. Un día, mientras estaba en su casa tuvo un encuentro con la condesa y fue en ese momento cuando según él, la difunta le mostró a la mujer que sería su futura esposa. Él no la conocía pero la llamó Ayesha.

Años más tarde conoció a Doris Shaffer, contrajo matrimonio con ella y tuvieron dos hijas: Ayesha y Crystal.

En 1927 el doctor se mudó a Florida con su familia y  consiguió un empleo como radiólogo y patólogo en el Hospital Marine en Cayo Hueso, un sitio en el que la mayoría de los internos eran hombres porque era del ejército.

Se sabe que tres años después ingresó una paciente con tuberculosis que requería la atención de Von Cosel. Se trataba de una joven modelo cubano-americana de 21 años llamada Elena Hoyos. La joven había podido ingresar al hospital gracias a la amistad de su padre con un médico del ejército.

 

Elena era idéntica a la mujer que Von Cosel  había visto años atrás en la revelación de la condesa y eso le provocó una obsesión hacia ella.

Empezó a elogiarla con obsequios para poder conquistarla y se empeñó en conseguir la cura para el mal que la aquejaba. Utilizó diferentes tratamientos experimentales para lograr que la joven viviera más tiempo, entre estos unos jarabes curativos con polvo de oro y  un tratamiento que consistía en inducirle descargas al cuerpo con una bobina de Tesla. Lamentablemente,  la joven falleció a los 22 años.

Von Cosel se sentía devastado y logró convencer a la familia de Elena para que estuvieran de acuerdo con que él pagara el entierro de la joven. Diseñó un panteón hecho de mármol y un féretro metálico que poseía conductos ocultos con los que le podía suministrar formaldehido, un producto químico que se utiliza como conservante. El ataúd también contaba con un auricular.

Según cuenta en su autobiografía “El secreto de la tumba de Elena” (1947), Von Cosel iba a visitar el cuerpo de la joven todas las noches y ella le pedía que la ayudara a salir de su prisión.

Una noche él esperó a que fueran las 8:30 para ir al cementerio con un pequeño vagón, usó sus brazos para exhumar el cadáver y lo envolvió con sábanas para poder llevarla a su casa.

Durante los siguientes siete años el doctor buscó la manera de revivir a Elena. Utilizó diferentes métodos para mantener el cuerpo intacto pero a pesar de eso, con el tiempo comenzó a deteriorarse y Von Cosel unió los huesos con alambres de piano y ganchos de ropa, sustituyó los ojos por unos de vidrio y le fabricó una peluca. También le sustituyó la piel por una mezcla de seda y cera y en vez de órganos le colocó trapos húmedos con un líquido embalsamador para que no perdiera volumen. La vistió con un traje de boda blanco, velo con encaje y una diadema para poder dormir al lado de ella todos los días y para ocultar el olor que emanaba, le aplicaba lociones y aceites.

A pesar que el doctor hizo todo lo posible para pasar desapercibido, sus vecinos crearon rumores que finalmente llegaron a los oídos de Florinda Hoyos, la hermana de Elena. Un día Florinda decidió confirmar estos rumores y comenzó a espiar a Von Cosel y lo denunció ante las autoridades por profanación después de ver el ritual que realizaba.

Otro dato que ayudó a condenar a Von Cosel es que según los doctores DePoo y Foraker, ambos presentes en la necropsia, el cuerpo de Elena tenía inserto un tubo de metal envuelto en seda en sus partes íntimas con el fin de que se pudiera tener relaciones sexuales con ella.

Esto despertó la curiosidad de miles de personas que acudieron inmediatamente a la funeraria en donde se exhibió el cuerpo de Elena durante tres días. Más de 6 mil personas llegaron a ver los restos.

Algunos consideraban todo lo ocurrido como un acto romántico y otros como algo necrófilo. Afortunadamente para el excéntrico doctor, dos de sus admiradores pagaron la fianza de mil dólares y tiempo después un juez lo absolvió de los cargos.

El cuerpo de Elena tuvo que ser nuevamente enterrado, pero esta vez su familia buscó una locación secreta para hacerlo.

Al salir de prisión, Karl escribió su autobiografía y contó su historia a la que él califica de amor. Años más tarde fue encontrado muerto en su casa abrazado de una estatua de Elena hecha de cera a tamaño real.

Actualmente existe un museo en Key West en Florida, dedicado a esta historia.  Estatuas de tamaño real de ambos, carteles con la historia y un mausoleo son algunas de las cosas que se pueden ver en el sitio.

Fuentes: The secret of Elenas Tomb”, por Karl Tanzler Von Cosel.

Erick Martinez

Soy amante de los videojuegos y la tecnología. Diseñador y Dj por 10 años hasta que descubrí el mundo de la fotografía. Una Nikon es la óptica que me permite transmitir mi visión del mundo.