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Historias muy fuertes de personas que vivieron una relación tóxica

“Eso nunca me va a pasar a mí” “Si estuviera en esa situación ya habría mandado todo a la chingada” “No entiendo por qué se deja tratar así”. Estas son algunas de las frases que todos hemos dicho en algún momento al ser testigos de una relación tóxica en la que alguno de nuestros conocidos ha estado involucrado.

A pesar de que lo creás, NADIE está completamente exento de pasar por algo así, porque normalmente la persona capaz de hacer daño de manera física o emocional rara vez demuestra esta actitud al principio.

¿Qué hace que una persona no pueda desprenderse de otra, aunque le haga daño? Según Elizabeth Gómez, psicóloga especializada en el comportamiento, muchas veces esto puede ser causa de un trauma de la niñez. Si tu mamá o papá te descuidaban, al momento de crecer no vas a buscar una pareja, sino una figura paternal. Todo viene ligado a la codependencia, condición en la que una persona llega a necesitar de otra sin importar qué daños físicos o mentales pueden ocasionarle a largo plazo.

Por su parte, la piscóloga María Fernanda Galdámez, asegura que generalmente este tipo de relaciones hace caer en depresión a una parte de la pareja, además de alejar a la persona de sus familiares, amigos y conocidos. El primer paso para salir de ellas es aceptar que se pertenece a una relación tóxica y a partir de ahí buscar ayuda con quienes tengas más confianza para alejarse de quien tanto daño ha causado.

Lamentablemente, estas historias son muy comunes. Recientemente decidí buscarlas a mi alrededor y encontré unas sorprendentes.

Carol – 28 años. “Mi esposo me engañó 5 años con mi mamá”

Empezamos una relación cuando yo tenía 16 y él 20. Para los 18 ya teníamos una hija y decidimos casarnos. En un principio todo estaba bien, pero poco a poco empezó a prohibirme ciertas cosas, no me permitía salir ni comunicarme con nadie y aunque no lo entendía, yo aceptaba todo esto. Al pasar todos los días encerrada, cuidando la casa y a mi hija, descuidé mucho mi apariencia y terminé subiendo 60 lbs en menos de un año.

Cuando mi hija tenía casi 4 años, nació mi segundo hijo y fue en ese momento cuando yo empecé a notar que sucedía algo en el comportamiento de mi esposo, pero como no tenía forma de investigar en su teléfono por ejemplo, no podía reclamarle nada.

Algunos familiares y conocidos de la colonia comenzaron a decirme que algo malo estaba pasando,pero yo pequé de ingenua y nunca creí que en mi relación sucedía algo realmente grave.

Era tanta la insistencia de las personas ajenas a mi matrimonio que empecé a hacerle preguntas a mi esposo sobre su vida y las cosas que hacía. Cuando inicié con esto él se tornó peor y comenzó a golpearme “porque yo no tenía por qué meterme en su vida privada”. No podía buscar la ayuda necesaria y tuve que soportar ese maltrato durante dos años. Sin embargo, mis sospechas sobre que mi mamá y mi esposo estaban juntos crecían cada día.

Un día nos fuimos a quedar a dormir a la casa de mi mamá. Desperté a la mitad de la noche y mi esposo no estaba a mi lado en la cama.

Me levanté para buscarlo, procurando no hacer ruido para no despertar a mi familia. Aún no puedo describir lo que sentí cuando entré a la cocina y vi a mi mamá y a mi esposo teniendo relaciones. Entré en shock y después me puse histérica: empecé a gritar y le des dije hasta de qué se iban a morir. Estaba tan enojada que no me importó que fuera de madrugada, agarré mis cosas y volví a mi casa.

Pasó el tiempo y mi esposo seguía hablándome, queriendo arreglar las cosas. Confieso que en varios momentos me vi tentada a caer en sus mentiras, pero logré ser fuerte y no regresar.

Ahora, con mi mamá… pues trato de llevar una relación con ella, no les puedo quitar a mis hijos la oportunidad de estar con su abuelita. De alguna manera estamos intentando reestructurar la familia y buscar arreglar las cosas. Me está costando, pero perdonarla y seguir adelante es mi manera de superar esa etapa de mi vida.

Marco – 23. “Se metía a mis clases para gritarme”

Cuando entré a la U pasé el primer semestre entre cuates y fregaderas. Dentro de nuestro grupo de amigos estaba una chava que tenía cierto interés en mí, yo no me di cuenta hasta después que ella me llevaba regalitos y chivas así que terminaron por ganar mi cariño. Motivados por nuestros amigos en común y el cariño entre nosotros, nos aventamos y decidimos oficializar.

La primera vez que quedamos en salir al cine llegué temprano para hacer cola en el cine, pero ella me llamó diciendo que no iba a llegar y que nos veíamos otro día en la U. No importó, yo comenzaba a enamorarme y lo dejé pasar. Empezamos a asignarnos juntos en todas las clases y compartir todo nuestro tiempo dentro de la universidad, pero cuando un catedrático nos veía tomados de la mano, me soltaba y se alejaba diciendo que le daba pena que supieran que éramos novios. Cuando tocaba volvernos a asignar a las clases del siguiente semestre ella quedó en otra sección y se enojó conmigo, “porque yo no hice lo posible por estar con ella”.

Pasó un año y todo comenzó a hacerse más y más extraño porque cuando yo la invitaba a salir siempre se negaba. Le preguntaba sobre su familia pero ella me cambiaba el tema y cuando me pedía que me presentara con ellos, me decía que no, que habían razones por lo cual ella no lo hacía pero que tampoco me lo podía decir. Solamente nos podíamos ver en horario de clase y nunca me daba razones, pero yo le decía que la comprendía y que cuando estuviera lista, me lo diría. Siguieron pasando los meses y ella se enojaba cada vez más conmigo por pequeñas situaciones o me hacía responsable de problemas personales que tenía en su casa, que encima ni me podía decir “porque eran privados”.

Todo eso lo pude soportar, pero comenzaron las faltas de respeto. Por ejemplo, varias veces me dijo que al besarme ella pensaba en hombres más guapos. Cuando le pedía que no me tratara así, ella se enojaba diciendo que yo no podía soportar una broma.

Los últimos meses de nuestra relación fueron extraños ya que tomó la iniciativa de dejarme de hablar todo el día cuando se enojaba y al día siguiente aparecía como si nada. Eventualmente la bomba explotó cuando, al estar trabajando en un proyecto en parejas, ella cometió un error y como yo no me fijé ni lo arreglé comenzó a gritarme frente todos los compañeros. Le dije que yo ya no podía seguir peleando por estupideces, así que ella me cortó diciendo que igual ya se había cansado.

La verdad, a pesar de todo, me sentí devastado, pero decidí seguir mi camino y  distraerme, pero ella siguió insistiéndome que regresáramos. Una vez me llevó un regalo -como al principio- y como no se lo acepté empezó a gritarme y a insultarme enfrente de toda la clase.

Eventualmente me fui desprendiendo más y más de ella y comencé a salir con otra chava. Cuando mi ex se enteró comenzó a decirle a todos que yo la había engañado y que esa había sido la razón por la cuál ella me había cortado. Algunos compañeros empezaron a juzgarme pero al final me peló. Lo importante es que logré salir de todo eso.

Natalia – 21. “Era un experto pasivo-agresivo”

Como toda adolescente que se enamora rápido, caí fácil con mi exnovio, que me llevaba un par de años. De amigos nos hablábamos todo el día por chat sobre cada detalle de nuestras vidas y con el tiempo empezamos a salir sin haber oficializado las cosas.

Luego, un día en el cine decidió caerme (lo cual me pareció muy cliché y sin gracia) y acepté. Estaba feliz de tener mi primer novio, pero todo empezó a decaerse cuando escuché que me presentó con un amigo como “esa gordita que está allá”. Lo noté pero no me molesté porque en ese momento estaba tan colgada que no me di cuenta de lo tonta que era por aguantar eso.

Confiaba mucho en él, al punto que le revelé mis secretos más gruesos, entre ellos, que había intentado quitarme la vida en una ocasión. Cuando le conté, su reacción me destrozó porque lo único que dijo fue “no puedo estar con alguien así” y me cortó por primera vez.  Lloré y aunque me dolió mucho, no lo vi como algo malo de su parte.

Seguimos hablando por un tiempo y aunque me decía cosas como que yo era mala persona y me hacía sentir mal, yo solo trataba de convencerlo de regresar conmigo.

Al fin regresamos y aunque estuvimos bien un par de días, después empezó a hacerme cosas como que me veía ridícula mientras bailaba en las fiestas y me obligaba a sentarme. Tampoco le gustaba que pasara tiempo con mi prima y mi mejor amiga porque “él sentía que eran mala influencia”. Llegué a quebrarme  cuando trató de hacer que prácticamente no le hablara a nadie más que a él, y finalmente reuní el coraje para decirle que ahí la dejaramos. En un principio no me tomó muy en serio, pero cuando vio que yo lo ignoraba  empezó a cambiar su método de manipulación y me mandaba fotos llorando y diciendo que se iba a matar si yo no volvía a estar a su lado. Después pasó a ser más agresivo y me mandaba fotos donde podía verlo quemando los regalos que yo le había dado meses antes.

Trataba de hacerse el bueno, pero rápidamente cambiaba de humor si yo lo ignoraba por más de 10 minutos. Incluso me amenazó con contar todo lo que yo le había confesado al mundo, tratando de manipularme de nuevo. Eventualmente él dejó de insistir y yo aprendí a lidiar con la situación también.

Angélica – 23 años. “Sus insultos me llevaron al límite”

Empezamos a salir, como algo exclusivo e intenso. Sólo faltaba “el título” y cuando yo tocaba el tema él decía que no era el momento de dar ese paso.
Sabía muy bien cómo manipularme para que sintiera que sin él yo no podía hacer nada, que necesitaba tener su aprobación. Me lavó el cerebro para pensar que me podía engañar con cualquier chava y que no habría problema porque en realidad solo me quería a mí. Sí, hasta ese punto llegó todo.
Confiaba en su juicio y todas sus decisiones como cuando se oponía a que yo saliera con amigos o cuando se negaba a que nos vieran juntos porque “la relación era solo de nosotros”, que utilizara mi cuerpo como algo desechable y que estuviera bien que no habláramos por semanas “porque yo no lo merecía”.
Me hacía sentir que me amaba y que me necesitaba, y al mismo tiempo insignificante e impotente.
Al final lo corté porque una vez que estábamos peleando me dijo “que era un animal que no entendía por las buenas”. Al principio lo dejé pasar, seguimos peleando y me lo volvió a decir y fue allí cuando me atreví a terminar la relación porque no iba a permitir que alguien me hablara así.
Para ser sincera no he logrado salir de eso todavía. Han pasado tres años desde que cortamos y a pesar de eso a veces siento necesidad de hablarle. Él me habla eventualmente, seguramente para asegurarse que todavía “me tiene”, y así es.

Óscar – 29 años. “Abusivo controlador”

Yo se que todos creen que una relación tóxica tiene que ser de un noviazgo o matrimonio, pero la mía tiene que ver con mi papá.

Él siempre fue “el estricto” y mi mamá “la consentidora”, el equilibrio perfecto porque así no me tenían tan agarrado, pero tampoco hacía pendejadas.

Cuando acababa de cumplir 16, mi mamá tuvo un accidente de tránsito y falleció. En un principio las cosas eran raras, él lloraba mucho por su esposa y yo me enfocaba en mis estudios y mis amigos que me ayudaban a distraerme. Mi papá trabajaba más de la cuenta porque según él tenía que mantenerme con lujos, pero yo sabía que era para no estar en la casa y recordarse de mi mamá. Pasaron los meses y las cosas estaban tranquilas, me dejaba salir con mis amigos los viernes sin imponerse y me dejaba ir a fiestas siempre con la condición de regresar a dormir a la casa.

Los años seguían pasando y yo sentía que mi relación con él era como de película. Hablábamos de todo, compartíamos gustos en películas y series, salíamos a almorzar los sábados; todos mis amigos me decían suertudo por tener “un viejo bien deahuevo”. Eventualmente me gradué del colegio y empecé la U, conseguí con mis ahorros un carrito bien viejo y empecé a moverme sólo por la Ciudad y fue ahí cuando mi papá cambió.

A veces las clases se extendían y yo llegaba una hora más tarde de lo esperado, cuando entraba a la casa mi papá estaba en la sala esperándome para interrogarme sobre si me había ido con alguna chava. Al principio yo pensaba que estaba bromeando, pero las cosas siguieron poniéndose más intensas. Me pedía que cada hora le enviara una foto de dónde estaba y yo obedecía porque pues, soy su hijo y pensaba que tenía algo de razón.

Poco a poco me comenzó a quitar los permisos. Los viernes quedaba de salir con mis amigos después de clases pero mi papá se aparecía en la U, diciendo que se iba a venir de regreso conmigo a la casa porque estaba preocupado de que yo fuera a hacer alguna locura.

Dejé de salir porque no quería que él se preocupara, sin embargo, varios compañeros me decían que me diera mi lugar, que ya tenía 20 años y que no me podían seguir tratando como un niñito. Yo no les hacía caso y solo decía “es que es un poco estricto nada más”.

Cuando llegó el momento de cerrar la carrera me la pasaba en la biblioteca estudiando y él me alegaba de por qué querer pasar todo el día afuera, pero cuando le dije que entendiera que necesitaba dejarme estudiar en paz se quedó callado y no dijo nada.

Me fui nuevamente a la universidad para prepararme para los privados y de repente se me apareció en un pasillo gritando “SOS UN DESGRACIADO QUE QUIERE DEJARME MORIR SOLO. OJALÁ HUBIERAS SIDO VOS EL QUE SE MURIERA” y se me dejó ir, golpeándome en la cara repetidas veces. Me dejó un ojo morado y me rompió el labio y varios de mis compañeros lo vieron y nos separaron.

Después de eso se negó a disculparse pero actuaba como si nada había pasado, me hablaba como cuando todo estaba bien pero eventualmente tenía sus arrebatos de ira, me golpeaba y me hacía sentir culpable. Al final ahorré suficiente para irme a vivir a un apartamento y corté toda comunicación él. Me tocó vivir con pocas comodidades, pero al fin era libre y poco a poco fui mejorando mi situación económica.

Con respecto a mi papá, me siguió escribiendo con los años que se iba a matar o que yo era el culpable de todo, pero solo lo ignoraba. Al final dejé de saber de su vida y me siento mucho más tranquilo.

Vivian – 25 años. “Me hirió frente a mis amigas”

La relación empezó muy bien. Antes de ser novios hablábamos mucho como amigos, al punto que solo dejábamos de platicar cuando dormíamos.
 
Cuando nos decidimos a dar el siguiente paso y ser novios, al principio todo estaba muy bien, no peleábamos y éramos prácticamente inseparables. No sé con exactitud cuándo cambio todo, porque fue muy gradual: empezó a hablarme mal de mis mejores amigos y hasta -entre broma y broma- decirme qué ropa tenía que usar (obvio usaba lo que yo quisiera, pero se molestaba).
 
Después de unos meses empezó a insultarme cuando se enojaba. Recuerdo que varias veces antes de colgar el teléfono, sabiendo que yo aún estaba escuchando, me decía groserías.
 
Un día fuimos a un concierto, cada quien llegó por su lado, pero quedamos de encontrarnos.Yo llegué con unos primos y amigos y cuando al fin nos encontramos, no pasó mucho tiempo para que me dijera que prefería irse con sus amigos. Nos despedimos y me quedé con unas amigas bailando, pero no pasaron ni tres minutos cuando regresó y me preguntó que por qué estaba bailándole al chavo que estaba atrás de mi.  Yo ni si quiera había puesto atención a quién estaba detrás de mí, comenzamos a discutir frente a todos y agoté todos mis esfuerzos para hacerlo entrar en razón. Me desesperé tanto que lo dejé hablando solo y empecé a caminar… él me siguió y me agarró el brazo muy fuerte. Yo intenté hacer que me soltara, pero él seguía jalándome, hasta que una de mis amigas casi le pega. Toda la gente se nos quedaba viendo y entre la vergüenza y la desesperación, entendí que nuestra relación había tocado fondo. 
 
A pesar de eso estuvimos juntos un año y medio. Él siempre me decía que las cosas iban a mejorar y así avanzaba el tiempo, hasta que un día me di cuenta que ya no sentía nada por él, ya todo me daba igual. Si se enojaba no me importaba, si me decía que me amaba tampoco, solo sentía indiferencia hacía él y creo que eso fue lo mejor que he sentido. Eventualmente pude terminar todo y salir de esa relación.

Una relación tóxica puede ser muy perjudicial para tu bienestar físico, emocional y familiar. Si estás en una o conocés a alguien que esté viviendo algo similar a lo que acabás de leer, hablá y hacé lo posible por romper el círculo. 


 Fuentes: Elizabeth Gómez, Psicóloga, teléfono 5012-3355; María Fernanda Galdámez, psicóloga, teléfono 3521 7754.

Gustavo Soria

Soy un ilustrador y diseñador que ve el mundo a través de una viñeta de cómic. Inmaduramente maduro. La amalgama entre lo que ya es y lo que hace falta.