Supersticiones

Historias que demuestran que las supersticiones pueden ser verdad

La superstición es la creencia de que un evento influye de alguna manera en otra situación, sin que estén relacionados. Horóscopos, gatos negros, pasar debajo de una escalera, amuletos y espejos rotos son algunas de las supersticiones más conocidas. Hay quienes las relacionan con los hechizos, la magia, el destino y hasta los milagros. Ciertas o no, para muchas personas las supersticiones dan como resultado la creencia que si no se lleva a cabo cierta actividad o no se porta determinado objeto, se tendrán graves consecuencias en el futuro.

Según la psicóloga Merari Menéndez “estas teorías tienen un planteamiento dudoso, pero en la actualidad muchas sociedades fundamentan sus explicaciones a todos los eventos que no pueden explicar en creencias espirituales ni esotéricas”.

A continuación, te dejo algunas historias de personas que sí creen en este rollo porque afirman haber tenido un encuentro muy cercano con ellas:

Adriana – 30

Después de casarme,nos mudamos con mi esposo a una pequeña casa en la zona 1, de esas antiguas que se resisten al tiempo y permanecen viejas y llenas de recuerdos. Él me decía que sería solo por un tiempo y que pronto encontraríamos algo mejor. Un día, al llegar del trabajo, me llevé un gran susto ya que de todos los tomacorrientes salían miles de hormigas, era como una pesadilla. Como pude moví los muebles y llamé a mi esposo, que solo se limitó a decirme que las rociara con algún insecticida. Le hice caso y estas poco a poco iban muriendo y desapareciendo. Pasaron varias semanas y volvió a pasar lo mismo, así que hablé con la dueña de la casa sobre esta situación y su respuesta fue: “No las mate, esas hormigas significan la prosperidad que usted y su esposo tendrán en esta vida. Todo el que ha vivido allí ha experimentado este fenómeno y ahora son personas de mucho éxito. Me quedé pensando si esto era cierto. Las hormigas nunca volvieron, a veces hasta llegué a extrañar encontrarlas otra vez. Yo ya no vivo allí. Encontramos otras oportunidades laborales y compramos nuestra casa, así que cada vez que me recuerdo de las hormigas que traen suerte y si la casa está disponible, no dudo en recomendar alquilarla para que otra familia, al igual que la mía, se vea favorecida por ellas.

Miguel – 30

“Nunca hay que dejar de creer”. Este es el consejo que escucho casi a diario por parte de mi abuela. Lo cierto es que cada mañana antes de irme a estudiar o trabajar -no estoy seguro de si por costumbre o devoción- siempre me coloco una medalla de la Virgen que me regaló mi mamá.

Una mañana salí tan deprisa que olvidé ponérmela y pase el día muy desesperado, sintiéndome desprotegido y con un malestar que todavía no alcanzo a entender ni explicar.

Llegué al punto de llamar a mi casa unas cuatro veces para ver si todo estaba bien. Ya mi mamá se había enojado de tantas llamadas que le había hecho preguntándole por ella y mi abuela, así que cuando salí del trabajo, me fui a la universidad y para el colmo de mi mala suerte, asaltaron precisamente el bus en el que me dirigía. La verdad fueron minutos de angustia, me quitaron todo y encima, me tocó que prestar dinero para mi pasaje de vuelta a casa.

Yo sentí que todo pasó porque no cargaba mi medalla ya que desde que tengo memoria la llevo conmigo y nunca me había pasado nada malo. Al entrar a la casa la encontré tirada en la entrada principal, como reclamándome que la había olvidado. Desde ese día nunca más he dejado de ponérmela y siempre trato de hacer una oración con ella antes de salir.

Beatriz – 28

Creo que el “mal de ojo” existe porque me pasó algo muy curioso y hasta la fecha no le encuentro explicación. Resulta que cuando nació mi bebé en la maternidad del IGSS, todo fue alegría por parte de mi familia y la de mi esposo, excepto por mi cuñada porque nunca le he caído muy bien.

Cuando mi hija tenía dos días de nacida me visitó una señora que me dijo que era una trabajadora social y que visitaba a cada paciente como parte de sus rutinas diarias para verificar que todo estuviera bien. Desde que entró me sentí muy incómoda y más aún cuando me dijo que era amiga de mi cuñada. Le mostré a la bebé; la cargó y sin pedirme permiso le tomó algunas fotos con su teléfono que según ella eran “para llevar un registro”. Esa misma noche mi nena comenzó a llorar y tenía fiebre, la llevé al hospital y estuvo en una incubadora un par de días, pero los médicos no encontraron una explicación para su malestar. Me dolió dejarla allí e ir a casa, oré para que se curara y finalmente, sin necesidad de medicinas salió del hospital.

Al tiempo me enteré que la señora que llegó a mi casa no era trabajadora social ni formaba parte del IGSS y que al parecer, mi cuñada la había enviado porque practica brujería.

Fuente: Dra. Merari Menéndez, psicóloga clínica,  merari_menendez@hotmail.com

Gerber Consuegra

Mi inspiración proviene de escuchar DnB a todo volumen. Además, me gusta contar historias increíbles pero ciertas. ¿Cuál es la más insólita? Leeme para averiguarlo.