Acoso

Guía básica para identificar cuándo es acoso o coqueteo

Siempre hay algo en la forma en que un hombre te mira. Su mirada pesa, cuando se trata de algo sexual. Mis amigas, conocidas, desconocidas y básicamente todas las mujeres no me dejarán mentir: cuando un hombre te “sabrosea”, lo sabés.

Por ejemplo, en mi trabajo anterior tenía un compañero a quien llamaremos Nico. Empecé a tratarlo y me parecía buen trip, pero al poco tiempo empezó a llegar a mi escritorio y frotarme los hombros. “Estás muy tensa, ¿mucho trabajo?”, era la frase que anunciaba que estaba a punto de acercarse.

Le dije que me incomodaba que lo hiciera y aún así, cuando estaba distraída y le daba la espalda, él llegaba y ponía sus manos en mis hombros. Cuando me dijo que le gustaba me alejé por completo porque no quería que malinterpretara que yo le hablara y pensara que “como ya me dijo que sentía algo”, tenía el derecho de seguirme poniendo las manos encima con el objetivo de demostrar su interés. Si pensás que Nico no era más que un chavo “haciendo su lucha” y lo único que hacía era coquetear estás en un error. Él estaba acosándome.

La diferencia entre tirar casaca y acosar

Tras las acusaciones públicas en contra de grandes magnates de Hollywood y el comienzo de movimientos en redes sociales como #MeToo, que consiste en denunciar el acoso y abuso sexual para evidenciar la magnitud de estos problemas, han empezado a surgir dudas respecto a en qué momento se cruzan los límites y se cae en el acoso.

Para encontrar una respuesta decidí recurrir a MIA Guatemala, una organización de mujeres en la que ofrecen diplomados con énfasis en la participación del hombre en la erradicación de la violencia hacia la mujer.

Queila Domínguez, coordinadora de proyectos de MIA, me comentó que según la Organización Internacional del Trabajo el acoso tiene dos aspectos negativos: es no deseado y es ofensivo para la persona que lo recibe.

Esto encaja muy bien en la definición que da la Real Academia Española: “Acosar es apremiar de forma insistente a alguien con molestias o requerimientos”, mientras que coquetear es “en el juego amoroso, dar señales sin comprometerse”.

Para saber si estás acosando o no, debés saber cuál es el límite personal de los demás. “El consentimiento o la falta de este es la clave para comprender qué es lo que realmente está pasando”, me dice.

Desafiando los límites

La mejor forma de saber dónde quedan esos límites no es gran ciencia. No necesitás mapas ni un guía espiritual ni el bro code. El secreto es preguntar.

En palabras más sofisticadas es “consentimiento verbal” y creeme, un simple sí puede resultar más romántico de lo que suena.

Aplicarlo desde un principio te da la oportunidad de no violentar el espacio personal de quien te interesa. Comenzar con un “Hola, ¿me puedo sentar contigo? Me parecés interesante, ¿te gustaría platicar?” ¡Boom! ya con eso le ganaste a todos los creeps.

¿No te dijo sí? Aléjate.

¿Te dijo que le incomodás? Aléjate.

¿Su cara no te proyecta algo positivo? Adivinaste, aléjate.

Continuar a pesar de conocer el límite impuesto por esa persona es acoso. Si considerás que la negativa es una forma de mantener el interés puede que tengás razón en algunos casos, pero no podés asumir esto como regla.

El preguntar y aceptar una negativa sin insistir también lo podés aplicar al mundo cibernético. Evitá atacar con likes a una persona a menos que notés que le parece agradable, no le escribás decenas de mensajes si notás que te deja en visto o te responde cortante y por supuesto, JAMÁS mandés una foto subida de tono si no te la piden.

Decime que no

“Aceptar el rechazo es algo muy importante”, recalca Domínguez. Ser rechazado no te hace menos hombre ni te convierte en una mujer poco atractiva.

Intenté usar Tinder por un tiempo y no me funcionó, pero siempre recuerdo a un chavo con quien platiqué ahí. Me gustó y por eso deslicé mi dedo hacia la derecha. Después de saludarme él se fue directo al grano: me aclaró que instaló la app para encontrar una chica para one night stands y me preguntó si estaba interesada.

Cuando le respondí que lo mío era tener algunas citas antes de pasar a algo más con otra persona respondió que esperaba que encontrara lo que estaba buscando. Que me veía interesante y agradable, así que seguramente no tendría problemas para eso.

En vez de quedar como un lanzado por contarme sobre sus intenciones, lo recuerdo como un chavo que no me insultó, insistió o intentó convencerme. Fue directo, encontró mi límite y no lo sobrepasó, me respetó.

 

Es un cumplido, ¿no?

En un estudio publicado el año pasado hecho por ONU Mujeres Guatemala y la Dirección Municipal de la Mujer de la comuna capitalina se encontró que el 100% de las mujeres entrevistadas ha vivido alguna forma de acoso. Este se vive constantemente en las calles, en el transporte urbano y hasta en sus círculos sociales más cercanos.

Eso también se ve reflejado en las denuncias compartidas en el Observatorio de Acoso Callejero, OCAC Guatemala, sin tomar en cuenta a las demás víctimas de violencia física, verbal, económica y sexual.

“Lo que muchos no se dan cuenta es que el acoso también es una forma de violencia”, enfatiza Domínguez. La violencia viene en muchas formas y esta es una de ellas. Hacer sentir a otra persona que ya no tiene libertad para ser como quiera, vestirse y comportarse como lo desea es violencia.

“¿Y dónde quedamos los hombres?”

A este punto del artículo casi logro escuchar gritos que reclaman que a los hombres también los acosan y nadie piensa en ellos.

Conozco por los menos a tres hombres a quienes los han acosado recientemente y decidieron dar un paso adelante y contármelo.  No voy a exponer sus casos aquí, pero sí quiero recalcar que, por supuesto, las reglas del acoso y el respeto también se deben aplicar hacia el género masculino. Uno NO es un NO, independientemente de quien venga y la idea de que los hombres siempre piensan en sexo o que quieren sentirse deseados todo el tiempo, no es más que un estereotipo retrógrado.

En resumen, poné atención a la forma en que las personas por las que te rodeás reaccionan ante tus actitudes y comentarios y, sobre todo, no hagás algo que no te gustaría que te hicieran a vos o a una persona a la que querés.

Si te queda alguna duda, podés ingresar aquí y resolver el quiz para saber si tus acciones son acoso o coqueteo.


Fuentes: Queila Domínguez, coordinadora de Proyectos MIA Guatemala, queila@miamericas.info; Observatorio Contra el Acoso Callejero, ocacgt.org, hola@ocacgt.org; When does flirting become sexual harassment? por Marie Jackson/ BBC News; What’s the difference between Flirting and Sexual Harassment? Reddit.com; ‘Spontaneous’ Sexual Consent: An Analysis of Sexual Consent Literature, investigación por Melanie A. Beres

Anamaría Arroyo

Nunca supe como hacer música y terminé escribiendo. Me gusta jugar con las palabras y a veces las dejo ganar, si no, hago un video sobre ello. Millenial old school.