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Fui policía y pasé tres años en la cárcel siendo inocente

Yo crecí en un ambiente de leyes al tener a ambos padres como abogados. Por lo mismo, siempre me interesó y estuve al tanto de los términos y situaciones jurídicas. Tanto así que llegué a involucrarme de manera activa en el trabajo de mi mamá, acompañándola a hacer visitas carcelarias. En una de tantas, ella mencionó que en muchos casos, los privados de libertad están detenidos injustamente. Peor aún, están en prisión preventiva esperando a que se les dictamine sentencia.

Para los que no saben, prisión preventiva es una medida que toma el Estado de ingresar al acusado a la cárcel mientras se investigan y recaban datos suficientes para ir a juicio. En Guatemala esta medida puede durar años.

Con ese interés, me dirigí a la Defensa Pública y Penal para que me facilitaran el contacto de alguna persona que se encontrara en esa situación. Fue así como conocí la historia de Gilberto Mejía.

Antes de poder hablarle, visité la sección de mayor riesgo en la Torre de Tribunales para asistir a la última audiencia que tenía programada en la cual se le otorgaría libertad inmediata. Luego de un par de felicitaciones de mi parte, pude solicitarle una entrevista para que me relatara lo que le había sucedido. Esto fue lo que me contó:

Era el 2013, Gilberto trabajaba como segundo jefe de un recinto policíaco en Chiquimula. Se dedicaba al área de investigación y en noviembre de ese año, mientras se preparaba para ir a una reunión acerca del caso de una persona desaparecida, lo llegaron a buscar para darle una noticia que le cambiaría la vida por completo: “Tenemos una orden de captura con tu nombre”. Creyendo que se trataba de una broma gastada que se suele jugar entre policías, no le prestó atención, pero al ver la insistencia de los colegas descubrió que se trataba de algo real.

¿Qué fue lo que pasó? Precisamente en esa época, una banda de ladrones llamada “Los Monteros” delinquía en ese departamento, robando buses y guardando los botines en bodegas para revenderlos. Cuando este grupo criminal se vio bajo investigación empezó a hacer llamadas a sus contactos dentro de la misma policía y en una de estas se pudo escuchar: “Ya hablamos con Mejía”. Como los teléfonos estaban intervenidos, eso fue “más que suficiente” para que la División Especializada en Investigación Criminal (DEIC), encargada del seguimiento del caso, vinculara a Gilberto sin investigar que en su división había otros dos colegas con el mismo apellido.

Robo agravado y asociación ilícita eran los cargos que se le imputaban a Gilberto, a pesar que ni siquiera conocía a los delincuentes con quienes lo tenían guardando prisión. Para empeorar las cosas, se formuló la petición de elevar el caso a mayor riesgo debido a que había miembros de la fuerza policiaca implicados dentro de la banda criminal.

4 años pasó en prisión preventiva esperando a que el Ministerio Público (MP) consiguiera suficientes pruebas para comprobar su presunta vinculación a esta banda. Durante estos años, la vida de Gilberto sufrió grandes cambios y difíciles momentos pues tuvo que aprender a convivir con mareros, asesinos y narcotraficantes, descuidó a su familia y sufrió un derrame. Otro aspecto que retrasó el dictamen de su caso fue la situación política nacional que se vivió con la renuncia y encarcelamiento de Roxana Baldetti y Otto Pérez respectivamente, por lo que toda la atención fue dirigida hacia ellos y muchos casos como el suyo quedaron un tiempo en el olvido.

El 2 de diciembre de 2016 se le otorgó a Gilberto la oportunidad de salir de prisión y permanecer bajo arresto domiciliario, lo que implicaba gozar de una “libertad” limitada en la se le prohibía salir de la Capital y estar bajo constante monitoreo por parte de las autoridades. Fue hasta el pasado 9 de noviembre de este 2017 que el MP solicitó su liberación definitiva luego de no poder recabar evidencias que lo ligaran al caso por el cual lo habían acusado. ¡Al fin pudo ser un hombre libre de nuevo!

A pesar de los años que estuvo en prisión siendo inocente, Gilberto asegura que no siente rencor en contra de nadie y que de alguna manera, el haber pasado ese tiempo ahí lo hizo cambiar en su forma de ser y en muchos aspectos más. “Creo que ahora soy una persona más tolerante y paciente que aprendió a reconocer las cosas hermosas en cada aspecto de la vida”, me cuenta.

Después de escuchar la historia de Gilberto Mejía y de imaginar todas las maneras como cambió su vida así, de la nada, me sorprende que todavía insta a los demás a seguir un camino de rectitud y honestidad, hablando siempre con la verdad y acatando las reglas para poder tener la solvencia de la inocencia ante cualquier situación y con la confianza que la verdad siempre sale a la luz.

A partir de hoy, un nuevo reto se abre paso en su vida: lograr su reinserción en la sociedad y que esa mancha equivocada del pasado no le siga cobrando la factura…

 

Fuentes: testimonio Gilberto Mejía, Instituto de la Defensa Pública y Penal, teléfono 2501 5757, http://www.idpp.gob.gt/; Diccionario de la Real Academia Española (2017) http://www.rae.es/

Gustavo Soria

Soy un ilustrador y diseñador que ve el mundo a través de una viñeta de cómic. Inmaduramente maduro. La amalgama entre lo que ya es y lo que hace falta.