DESTACADA

Las historias de 2 de los trabajadores más antiguos de la Terminal

Antes de visitar La Terminal, mi mentalidad era la de encontrarme con un mercado común, como el que queda cerca de donde vivo, en donde mi mamá compra las frutas, verduras y carnes cada fin de semana, solo que un poco más grande.

Había ido algunas veces, pero nunca supe qué tan grande es, hasta hace unos días. En vez de buscar algo puntual como lo había hecho hasta el momento, me tomé un tiempo para recorrer las cuadras que integran este mercado, para dimensionar la diversidad de productos que comercializan y sobre todo, conocer a algunos de los trabajadores que día a día ofrecen sus productos y servicios en este lugar.

En La Terminal se venden frutas, verduras, carnes, semillas y un sinfín de productos. Vi puestos de ropa, zapatos, carbón, incluso de corte y confección; y así como los productos, los visitantes y trabajadores también constituyen un grupo muy diverso.

vestidos de 15 años y de novia ubicados en la terminal

Vestidos Terminal

Mientras caminaba por uno de los sectores que tenía puestos provisionales de madera, mi vista se centró en uno cuyo espacio era reducido y que en su interior contaba solo con una pequeña silla y algunas estanterías con productos. Se trataba de un salón de belleza que ofrecía los servicios de corte de pelo, manicura y pedicura, a pesar del espacio con que contaba.

La dueña del local se presentó como “Doña Mari”. Es una señora de pelo corto y baja estatura y si tuviera que describirla en dos palabras, diría que es una persona amable y extrovertida.

Para ella, La Terminal es un lugar con el cual está muy familiarizada debido a que desde los años 60, empezó a visitarlo cuando acompañaba a su abuelita para comprar las cosas de su casa. Visitaban el lugar al menos una vez por semana y esa frecuencia la hizo hacer buenas amistades con las personas que en ese entonces trabajaban allí y gracias a ello, obtuvo su primer trabajo en una pollería, a los 14 años. Con el pasar de los años, Doña Mari logró ahorrar y abrir las puertas de su salón de belleza, el cual ya es muy conocido en La Terminal pues funciona desde hace 30 años.

Durante todo este tiempo ha sido testigo de diferentes eventualidades en el mercado, principalmente de los siniestros ocurridos por incendios que se han suscitado en sus instalaciones. En 2014, más de 600 locales fueron consumidos por las llamas en uno de los siniestros más devastadores, incluyendo su negocio. “En ese incendio lo perdimos todo, yo me quedé solo con Q20. Perdí todo mi capital. Lo perdí todo”, decía mientras miraba su local provisional y aunque trataba de disimular su tristeza, no podía evitar que se le entrecortara la voz al recordar lo sucedido y contarme la tragedia.

Pese a la adversidad, los vendedores de La Terminal se reunieron para salir adelante y juntos lograron recabar el dinero necesario para ayudarse entre sí y colocar de nuevo sus negocios en el lugar que ocupa el parqueo del mercado.

Como muchas mujeres, además de las pérdidas monetarias, Doña Mari también ha tenido que enfrentarse a problemas personales complejos, como el alcoholismo de su pareja, de quien tuvo que separarse. Sola, trabajando ocho horas diarias en su local, logró sacar adelante a sus hijos, dándoles la oportunidad de recibir educación universitaria. Uno de ellos es Ingeniero en Sistemas y ahora trabaja en una de las marcas más famosas de automóviles en Estados Unidos. Sus dos hijas son psicólogas y decidieron formar su vida aquí en Guatemala.

“Lo más importante son los tres trofeos que tengo como hijos. Los pude sacar adelante y sé que son personas de bien”, comenta.

A pesar de los esfuerzos que hace a diario, Doña Mari se siente muy contenta de llegar cada día a abrir su negocio y atender a los clientes que la visitan. Para ella, trabajar en La Terminal es más que un simple sustento; es convivir con todas las personas con las que ha forjado una amistad de muchos años.

Después de mi plática con Doña Mari continué mi recorrido, prestando atención en el movimiento y las curiosidades que a mi paso iba encontrando en este mercado. Así fue como conocí a otra persona con quien tuve la oportunidad de platicar y conocer su historia: Mario García, un señor de corta estatura, lentes y pelo muy canado.

Trajes típicos de Guatemala en el mercado La Terminal

  Trajes de La Terminal

Lo encontré por el área donde venden carne y cuando le hablé se mostró accesible. Se colgó unas telas típicas en el hombro y me contó que es originario de Totonicapán, está casado y tiene 5 hijos.

Desde pequeño, sus papás le enseñaron cómo negociar con las diferentes prendas, traídas del interior del país, y gracias a ello, ahora tiene 40 años trabajando como vendedor ambulante en el mercado.

Don Mario se levanta todos los días a las 4:30 de la mañana y una hora después sale desde la zona 7 hacia La Terminal. A veces usa transporte público y otras, se anima a irse a pie.

Durante el día camina como 12 horas por todo el mercado en busca de compradores para sus tejidos. “Hay días que vendo y otros no. Los días que me va bien, vamos apartando para después. Si llevo 50 o 60 quetzales a la casa, nos alcanza para vivir con mi esposa”.

Cuando Don Mario se queda sin tejidos viaja a diferentes partes del país como Xela, Cobán y Quiché. Este recorrido lo suele hacer en un día para no perder la oportunidad de vender el resto de la semana.

A sus 60 años de edad, Don Mario se siente muy agradecido con la vida y lleno de energía, al punto que cada 2 o 3 días sale a correr 3 kms para mantenerse saludable.

Conocí a varios trabajadores de La Terminal, pero los casos de Doña Mari y Don Mario me impactaron. Entre tanta gente que trabaja ahí, ellos probablemente ni se conozcan, pero para mí, ambos son un ejemplo de gente trabajadora que busca salir adelante y dar lo mejor de sí a sus clientes y a sus familias.

modista de el mercado la terminal

Comerciante de La Terminal

Este gran mercado representa una fuente de ingresos para varias familias guatemaltecas. Se estima que cuenta con 4,500 inquilinos que laboran a diario en este expendio, el cual tiene la capacidad de abastecer a diario a 23 mercados municipales y 12 cantonales.

Si te llama la atención visitar La Terminal, podrás encontrarte de todo tipo de insumos para la canasta básica, a un precio menor y con productos frescos; y si sos curioso y querés hacer como yo, podrás conocer la historia de personas como don Mario y doña Mari que con una sonrisa en el rostro te ofrecen sus productos y servicios y han hecho de este lugar, algo más que un lugar de trabajo para obtener su sustento.

Conocé más de La Terminal en nuestra tercera edición de Tónica en estos lugares.

Fuentes: entrevistas realizadas a María Lemus “Doña Mari”, propietaria de Salón de belleza en el interior del mercado La Terminal; y Mario García, vendedor ambulante de telas típicas de La Terminal.

Erick Martinez

Soy amante de los videojuegos y la tecnología. Diseñador y Dj por 10 años hasta que descubrí el mundo de la fotografía. Una Nikon es la óptica que me permite transmitir mi visión del mundo.

Notas más vistas del autor