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Así es trabajar como agente de seguridad en bares y discotecas

Hace unos meses empecé a trabajar como bartender en un bar bastante conocido. También hay meseros, cocineros y, por supuesto, un agente de seguridad al que llamaré Rambo.

Él tiene un estilo de cabello bastante peculiar y una figura musculosa que infunde a cualquiera respeto y hasta un poco de miedo. Rambo está en los cuarenta, de día trabaja repartiendo agua purificada y por las noches es guardia; está casado y tiene tres hijos.

En mi horario de trabajo tengo algunos tiempos libres que uso para comer algo o platicar con mis compañeros, pero hace poco lo aproveché para platicar con él. Hasta esa noche no habíamos pasado de un saludo y conversaciones de cinco o diez minutos, pero igual me parecía fresco y social. Después de comentar sobre la situación de un cliente que estaba cerca y del clima, finalmente me animé a preguntarle sobre las experiencias que le ha dado su trabajo. Entre risas y dramatizaciones, me contó algunas de tantas aventuras que ha vivido en los 13 años que lleva como guardia de seguridad en este tipo de negocios.

Una de las que más me impresionó fue cuando una chava, entre vómito, risas y lágrimas, auxiliada por su novio, le habló para proponerle hacer un trío ahí en el bar, en ese momento; y mientras me contaba cómo la había sacado cargada, recordó otra historia…

Hacía unos años trabajaba en una discoteca bastante exclusiva de zona 10 en la que tenía la orden de no dejar entrar a nadie que no estuviera en la lista, sin importar nada. Un día, la disco estaba a tope y llegaron unas chavas en estado de ebriedad, rogándole que las dejara entrar al baño, pero Rambo tenía instrucciones claras así que tuvo que negarles el ingreso. Molestas, decidieron tomar una decisión que nunca hubiera podido adivinar. “Se quitaron la minifalda y empezaron a hacer pipí en la puerta. Cuando terminaron, empezaron a gritarme, ya ni recuerdo qué. ¿Y adivine quién tuvo que ingeniárselas para quitar esa peste de allí? ¡Yo! ¡Yo! ¡Imagínese eso!”, me dijo muy molesto.

Le han pasado tantas cosas que es imposible contarlas todas, pero jamás se le olvidará cuando un hombre alto y musculoso llegó al bar, consumió bastante y cuando ya no podía ni levantarse, vomitó y se quedó inmóvil. El deber de Rambo era decirle al cliente que se fuera, pero cuando lo hizo, el chavo se le puso al brinco y empezó a alegarle que por la cantidad que había gastado, tenía derecho a quedarse adentro todo el tiempo que quisiera. Las cosas se fueron elevando de tono y, finalmente, llegaron a los golpes. La diferencia de estaturas era grande, así que un primo de Rambo que estaba en el lugar se metió a la pelea. “Dos contra un bolo tan alto y fuerte no fue nada fácil. Se nos tuvo que unir otra persona y entre los tres lo sacamos para que dejara de hacer problema”.

En fin, con tantos años en el rollo de bares y discos, a Rambo también le ha tocado “hacer de cupido” entre “chicas prepago” y jóvenes. Gracias a esta plática fue que pude reírme un poco junto a alguien que siempre miraba como malencarado y conocer parte de la historia de este guardia a quien también le ha tocado sacar del baño a las parejas que se animan a tener sexo ahí y que usualmente tiene clavos porque no acepta DPI falsos ni el ingreso de menores al bar.

Después de platicar con Rambo, sin duda mi turno se volvió el más entretenido de todos los que he tenido que trabajar entre las paredes de ese bar.

Ángela Jiménez

Soy bartender, emprendedora y mujer apasionada. Estudio ingeniería en informática y puedo comer pizza en cantidades industriales.

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