Verano con Cubata

3 personas nos cuentan sobre sus peores veranos

Porque en el mar la vida no siempre es sabrosa, estas personas nos cuentan sus historias.

 

María José – 27

Con mis mejores amigas habíamos planeado un viaje al Puerto San José y cuando finalmente llegó el día íbamos súper nerviosas porque ninguna de nosotras había manejando tan lejos.

Tuvimos un viaje tranquilo, pero al llegar al hotel donde nos íbamos a quedar resultó que el aire acondicionado no servía. El calor era realmente intenso y  pasó más de una hora desde que avisamos que el aire no funcionaba y seguíamos esperando, decidimos comprar unas Cubatas de Lima Limón para nosotras y un par de las de sabor a Cola por si encontrábamos algún chavo guapo por allí.

Nos instalamos, el paisaje era agradable y encima de todo había un par de chavos bien guapos en el lugar. Yo era la única soltera y decidí probar suerte y conectarme a alguien. Nos movimos para sentarnos algo cerca de un grupo de cuatro o cinco chavos y empezamos a platicar entre nosotras y a reírnos. Finalmente noté que el que me gustó empezó a prestarnos atención así que le dije a una de mis tres amigas que si quería nadar un poco.

Nos adentramos en el agua y después de un rato “casualmente” llegó el chavo que me gustó, que al final terminó siendo un argentino llamado Sebastián con otro amigo. Estábamos conociéndonos un poco cuando una ola nos envolvió a todos. El agua estaba muy baja, pero yo no estaba bien parada y me arrolló. Cuando logré levantarme empecé a tocarme uno de los ojos con los dedos porque sentí que me entró algo. Miraba algo borroso y me ardía, y de repente escuché que todos estaban riendo. Resulta que el bikini se había movido de su lugar y todos “me conocieron un poco más” en cuestión de minutos.

Joaquín – 25 años

Para mí en Guate se vive la mitad del tiempo en época de calor así que considero que “el verano” es una farsa. El clavo es que mi novia espera estos días como si no hubiera mañana, tanto, que cada cierto tiempo hacen coperacha para juntar dinero en su casa y comprarse una de esas piscinitas inflables. Como les da hueva preparar tragos compran Cubatas y es que hay literalmente para todos los gustos. A aquella le gusta una que es de Ron y sabor a toronja y yo prefiero la Guaraná.

Además sacan unas bocinas al jardín y hasta hacen churrasquito. Llevamos poco tiempo juntos y la verdad estoy bien colgado así que he hecho cosas que no me enorgullecen como decir que un perro se ve bonito con barniz de uñas.

Y bueno, ahora me tocó pasearme medio desnudo por un jardín y buscarles conversación a sus familiares. No me considero garra, pero sinceramente no pensaba gastar saber ni unos cuantos pesos en una calzoneta que me iba a poner solo ese día, así que busqué la que usaba en diversificado para la clase de física.

Todos se portaron buena onda ese día, incluso los familiares que no conocía. Al final accedí a meterme a la piscina y estuve un buen rato allí.

Cuando me dieron ganas de entrar al baño me paré y noté que todos se me quedaron viendo, pero no le di importancia. Al volver hubo un silencio incómodo, mi novia ya estaba afuera de la piscina y cuando se me acercó traía en la mano un pedazo de mi calzoneta. No sé si la piscina tenía demasiado cloro o esa onda estaba demasiado vieja, pero me morí de la vergüenza.

Renato – 21

“Cómo empezar y terminar las vacaciones en un solo día”: así se puede resumir mi anécdota.

El año pasado habíamos planeado un road trip repelado con mis cuates de la U para Semana Santa. Juntamos pisto para las Cubatas de Ron con sabor a Cola y así entrar en ambiente sin empanzarnos, la comida y la gas y armamos la ruta: primero caeríamos a las lagunas de Cobán, después íbamos a agarrar camino para Izabal para ir a Livingston y las vacaciones las íbamos a terminar en Petén.

Dos amigos llegaron a mi casa y después pensábamos pasar por un brother que trabaja medio día los sábados y justo dos cuadras antes de llegar a su oficina recibimos la primera señal de que todos nuestros planes estaban salados: el semáforo dio rojo y un motorista nos tocó la ventana.

Asustados, enojados, con dos celulares menos y 200 pesos menos en el presupuesto, llegamos a nuestro destino. No había lugar para parquearse y encima aquel no contestaba.

Me quedé en una esquinita, en la entrada de 4 grados; ellos entraron a la tienda y yo me fui corriendo a buscar a mi otro amigo. La recepcionista me vio con cara de “qué ridículo” porque yo ya iba tirando estilo y con todo el feeling para ir a la playa, pero aun así lo llamó pocos minutos en salir.

Cuando íbamos caminando para el carro pude ver un agente de tránsito a lo lejos y corrí para rogarle que no me multara, pero ya me había clavado un cepo porque mi carro obstaculizada el cruce de algunos vehículos.

Ya con ese gasto extra los planes se arruinaron y terminamos comiendo ceviche en un lugar que la verdad era de mala muerte.

 

 

Contenido patrocinado por: Cubata