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Soy Javier y así me contagié de VIH

“Me tomaba uno o dos cuartos de ron todas las noches, solo o con mis compañeros de trabajo; eso para mí era tomar socialmente. Trabajaba entregando encomiendas en Centroamérica y en cada viaje el alcohol era un compañero más, al igual que mi cajetilla de cigarros. Un día de regreso a Guatemala cayó un fuerte aguacero que recuerdo muy bien, aún siento la lluvia sobre mi cara. Y a raíz de esa gran empapada, empecé a padecer de muchos resfriados, lo que aumentó mi adicción al ron para contrarrestar el malestar. Pero eso solo me puso peor.”

Pasaron los meses y Javier no encontraba mejoría. Su delgadez era notoria, tenía falta de apetito y los problemas bronquiales se intensificaban. Fue hasta ese momento cuando decidió acudir a un médico, quien le ordenó internarse en un hospital.  Los médicos pensaban que tenía tuberculosis. Pero al fin, uno de los tantos doctores que lo atendió sugirió una prueba de VIH, la cual reveló el porqué de sus defensas tan bajas. ¡Era seropositivo!

Ser portador del VIH o ser seropositivo significa que la persona puede transmitir la enfermedad, pero aún no la ha desarrollado y puede tardar varios años sin ningún síntoma. En esta etapa, la expectativa de vida puede ser muy amplia si se llevan los controles adecuados. Los medicamentos antirretrovirales juegan un papel muy importante. Por aparte, ser enfermo de SIDA significa que ya se ha desarrollado la enfermedad y las infecciones oportunistas aprovechan la situación inmunológica del paciente; es más vulnerable a alguna de ellas y esto lo condena a la muerte.

 “Al enterarme el mundo se me derrumbó, pensé que mi vida había terminado en ese segundo. Pero dentro de mí sabía que tenía que luchar por mis dos hijas, que son mi motor. Dije quiero verlas crecer un poco más y después puedo morir”, agrega.

Las consecuencias de su adicción al alcohol habían ido subiendo de tono y su promiscuidad se había vuelto una constante. A tal punto, que sus encuentros con sexoservidoras eran cada vez más comunes. Esta es una de las formas de contraer el virus: relaciones sexuales sin protección, que implican intercambio de fluidos corporales con la persona infectada, como el semen, la lubricación vaginal o la sangre.

Otras formas por las que puede contraerse es a través de la transmisión de sangre infectada, al compartir agujas para inyectarse drogas, tatuajes, piercings e incluso en los hospitales. Así como a través de lesiones abiertas, heridas o cortes en la piel. También puede suceder de manera intrauterina, durante el parto, o por medio de la lactancia materna.

A pesar de todo, su esposa fue la que más lo apoyó en ese momento tan complicado. Le aconsejó buscar ayuda en distintos patronatos y hospitales públicos. Ella es una persona muy devota y le dijo a Javier que lo perdonaba por su mala vida y que esta podía ser una señal para encontrar a Dios.

“Ella siempre estuvo muy pendiente de mí, aunque lastimosamente no pudimos seguir juntos”.

Así pues, Javier fue al hospital San Juan de Dios, en donde gracias a su insistencia logró que le brindaran un tratamiento, ya que para ese entonces no contaba con recursos económicos para costear atención médica y medicamentos.

“El hospital me ayudó hasta que pudo, pero luego se quedaron sin suministros. Me indicaron que podía ir a las distintas asociaciones, fundaciones y oenegés que se dedican a apoyar a personas con VIH. Pero para mi sorpresa, me encontré con un panorama totalmente desalentador. Yo debía someterme a un tratamiento de prueba y tenía que firmar una carta tipo contrato que no los responsabilizaba por los efectos secundarios de los medicamentos”, explica Javier.

Esto es contradictorio porque desde la década de 1990 se han desarrollado medicamentos antirretrovirales que se utilizan en estos casos.  Cada vez son menos tóxicos, más efectivos y permiten que una persona pueda llevar una vida casi normal. Según la mutación del VIH en el organismo del portador, así es la combinación de fármacos que recetan los médicos.

“Luego de intentar casi todo, llegué aquí (Asociación Gente Nueva), quienes me ayudaron de manera psicológica, con servicio de clínica dental y consultas médicas, a la que vengo cada 15 días”, continuó Javier.

Javier regresó a su antiguo trabajo, el cual retomó con menor intensidad. Su vida no ha sido fácil, ya que día a día tiene que luchar contra la depresión que sus acciones le causaron, porque ya no asiste a eventos sociales y muchos de sus amigos se alejaron. En el centro está haciendo nuevos amigos, personas que viven en las mismas condiciones que él. Eso y ver a sus hijas cada cierto tiempo son sus motores de vida.

“Como consejo quisiera decirles que piensen muy bien sus actos. No permitan que cualquier adicción domine su vida, porque estas no perdonan. Ahora entiendo que la prevención es un tema fundamental al momento de tener relaciones sexuales”.

Según datos del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, del Departamento de Epidemiología, a octubre de 2016 se habían registrado 36,231 casos de personas seropositivas desde 1984; fecha en la apareció por primera vez un caso de VIH en Guatemala. Lo cual establece que este padecimiento es uno de los agentes infecciosos más mortíferos de nuestra sociedad.

Además, los datos del ministerio reflejan que los transexuales, los homosexuales, las sexoservidoras, los jóvenes en riesgo social y las personas privadas de libertad son los más afectados.

 “Lastimosamente tuve que aprender de esta manera y solo la fe en Dios y en mí mismo me han permitido estar acá en este momento”, finaliza Javier.

En Guatemala hay asociaciones y fundaciones que se dedican a ayudar a personas que son seropositivo. La Asociación Gente Nueva es una de ellas y tiene como objetivo brindar ayuda médica y psicológica a personas que viven con VIH, haciendo énfasis en la importancia de la prevención para poder erradicar este padecimiento y una posible enfermedad.

Con ayuda de esta institución conocí a Javier*. Nos reunimos en el centro de la asociación, en la Avenida Elena, allí charlamos un buen rato. Con una voz temblorosa comenzó a contarme su historia este joven de tez morena y complexión delgada que desde hace 7 años es portador del VIH.

De momento, el VIH no se cura, pero la prevención jamás dejará de ser un tema que pase de moda. Basta con saber que es una enfermedad asintomática, por lo que con solo ver a alguien no sabrás si la padece o no. Estar informado es la principal forma de evitarla.

Ser portador del VIH no significa que alguien esté condenado a la muerte, y Javier me lo demostró. Con el tratamiento adecuado y mucha disciplina él lleva una vida normal.

Fuentes: Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, teléfono 2444-7474 consultas@mspas.gob.gt, Departamento de Epidemiología, Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, teléfono, 2445-4040, Victoria Mollinedo, asistente de Dirección Unidad de Planificación Estratégica, Ministerio de Salud pública y Asistencia Social plani.programspas@gmail.com Lic. Fredy Vivar, Departamento de Regulación de los Programas de Atención a las Personas, Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, fredy.a.vivar@gmail.com Audelio Ramirez, director de la Asociación Gente Nueva, teléfono 2253-0318, 2221-3281,  gnueva@hotmail.com, gnuevagt@gmail.com Javier (nombre ficticio), Vivian Retana, Química Bióloga, vivianroxana@gmail.com

Gerber Consuegra

Mi inspiración proviene de escuchar DnB a todo volumen. Además, me gusta contar historias increíbles pero ciertas. ¿Cuál es la más insólita? Leeme para averiguarlo.

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