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Así me fue usando Tinder

Esta es la historia de un chavo al que llamaré “Matías”. Y bueno, aquí va lo que me contó…

 

Esto me pasó en el 2015, cuando tenía 22 años. En ese entonces, yo atravesaba la ruptura de una relación de dos años que terminó en un engaño. Estaba muy mal y me sentía solo. Así que decidí descargar Tinder y ahí encontré a un chavo que me encantó. A él le gustaba mucho leer y escribir, y había estudiado cocina. Para mí resultaba ser la persona ideal.

 

Nuestras conversaciones en Tinder eran escuetas. A mí me encantaba, pero él era muy tímido y no lográbamos conectar.

Entonces, empecé a platicar con otros chavos y conocí a otro que me parecía atractivo, pero poco o más bien NADA interesante. Me invitó a una cita y el plan era que yo llegara a un hospital de zona 10 porque él estaba visitando a su abuela que estaba muy enferma. Creepy, ¿verdad?

Normalmente, hubiera inventado cualquier excusa con tal que pasáramos la salida para otro día, pero la verdad, me sentía muy solo. De hecho, en esa época yo estaba yendo con una psiquiatra para que me ayudara a superar mis traumas recientes sin necesidad de medicarme.

Me shockeó mucho que, en teoría, su abuela estaba en las últimas, pero él estaba emocionado y feliz por la cita. La salida fue corta; sin embargo, como era bastante desinhibido, me contó mucho sobre su vida y parecía estar interesado en la mía.

Después de esa “cita”, seguimos conociéndonos y saliendo, al punto que él se quedó varias noches en mi apartamento.

A los tres meses, más o menos, la cosa se puso monótona, yo me estaba aburriendo y empecé a pensar que era hora de cortarlo.

 

Estaba a punto de mandarlo al carajo, cuando según él “la relación” había avanzado… era hora de presentarme a sus seres queridos. Y empezó con su mejor amigo. Para mi buena o mala suerte (ya no sé), ¡el mejor amigo resultó ser el chavo al que no me logré conectar cuando empecé a usar Tinder!

 

 

En persona nos llevamos bastante bien, incluso empezamos a salir los tres. Ellos no eran para nada fiesteros, así que casi siempre salíamos a cenar, al cine y así. Pero, aunque la pasamos bien, nunca se dio salir a solas el mejor amigo y yo.

Llegó el punto en que me sentía confundido porque ya no quería tirarle corte al chavo con el que salía con tal de seguir acercándome a su mejor amigo.

Pero, de la nada, me salió con comentarios como que yo sería un buen novio o que la estaba pasando muy bien. Ahí empecé a desesperarme y a sentir angustia. Poco a poco me tardaba más en responder sus mensajes y empecé a poner mi trabajo como excusa para no salir. Luego, empezamos a hablarnos dos o tres veces por semana; después solo una vez, hasta que dejamos de hablarnos.

 

A su mejor amigo nunca lo volví a ver. Me sigue en Instagram y yo a él, pero no nos hablamos.

 

¿Que si usé Tinder después de eso? Sí, un par de veces, pero nunca salió nada serio de ahí. Es una aplicación interesante y entretenida. Hay mucha gente que solo quiere sexo y lo dice francamente, y otros que se dedican a jugar con los sentimientos de los demás. Creo que a las personas no se les elige como si fueran menú de restaurante y por eso, aprecio cada vez más tener relaciones significativas con otras personas.

 

A finales de 2015, por un amigo en común, me contactó un chavo por Facebook. Después de varias salidas me animé a caerle. Nos hicimos novios, ahora llevamos 15 meses en la relación y todo va muy bien. La verdad es que estoy muy feliz.

Astrid Morales

Soy una veinteañera que edita textos durante el día y busca historias invisibles por la noche. Amante del cine independiente, los vinilos, la fotografía. Me gustaría vivir en un mundo que se vea como una película de Wes Anderson y suene a Kraftwerk.

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